::: Dinámicas para tutoría :::
Un mismo proyecto educativo para alumnos de 26 nacionalidades y cuatro continentes
Yolanda jb / Sábado 25 de marzo de 2006
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El Instituto Iturralde de Carabanchel Alto es un ejemplo de la diversidad social de la ’nueva’ sociedad madrileña. Sus aulas acogen a más de un 50% de población inmigrante, un reto diario y estimulante para los profesores de este centro.

Mª Ángeles Sallé/Madrid entre dos Orillas* (23/03/2006) En las aulas españolas aprenden y conviven 447.525 niños y jóvenes extranjeros, en su inmensa mayoría hijos de los inmigrantes que han venido a trabajar en nuestro país. Esta ‘explosión’ de diversidad en la escuela española es muy reciente, hasta el extremo de que, en diez años, se ha multiplicado por ocho la presencia de estos nuevos habitantes que llegan hasta nosotros cargados de lenguas, acentos, colores y, por encima de todo, de juventud, mucha juventud.

Un vez más, Madrid se lleva la palma, con 102.978 estudiantes cuya nacionalidad de origen no es la española. Un gran reto en esta región si tenemos en cuenta que los colegios e institutos son, junto a una vibrante realidad presente, un certero espejo del porvenir que nos aguarda.

Uno de los centros educativos que mejor reflejan la diversidad de nuestra sociedad es el Instituto Iturralde, situado en pleno barrio de Carabanchel, en lo que hace ya muchos años fue un antiguo hospital.

Hoy en día, el ya remodelado instituto Iturralde acoge a 68 profesores (de los cuales alrededor de 40 son mujeres) y 700 alumnos, de entre 12 y 18 años, con una proporción de inmigrantes superior al 50% en la ESO. Sus países de origen son tan diversos como sus circunstancias personales: proceden de Ecuador, Argentina, República Dominicana, Colombia, Honduras, Marruecos y Rumanía, entre otros.

A pesar de esta mezcla de culturas, intereses, costumbres y educaciones, Jesús Martín Montalvo, director del centro, reconoce que si bien siempre hay pequeños conflictos entre los alumnos, sólo un pequeñísimo porcentaje se debe a motivos étnicos.“Lo de mezclarse entre ellos va por rachas, explica. "A veces se pelean, pero al menos significa que contactan, que se relacionan o se han relacionado de alguna forma”.

Algo importante si tenemos en cuenta que hay otros centros donde hacen grupos aparte en las zonas de convivencia comunes y no se relacionan para nada.

Compensar la enseñanza, compensar las dificultades En el Iturralde, como en muchos otros centros, cuentan con las llamadas clases de compensatoria que reúnen a alumnado con dificultades de aprendizaje para darles la oportunidad de trabajar, de un modo mucho más personalizado, las asignaturas más complicadas.

Una de estas aulas de compensatoria es donde se encuentran Fátima, Estefan, Yamiled, Iris, Carlos, Johana, José y hasta quince alumnos de entre 14 y 15 años, de segundo de ESO, que miran a la vida -y a su profesora, Olga- con ojos entre esperanzados, retadores y tristes. Olga, jefa de estudios del Instituto, nos habla con un suave acento argentino: “Sí, yo también, como emigrante, he sufrido en mis propias carnes el dolor de la pérdida y la dificultad de adaptarme a un mundo nuevo y desconocido. Para los hijos es todavía más duro porque ellos no eligen y, en bastantes ocasiones, ni siquiera aciertan a comprender la causa que les ha obligado a dejar atrás sus raíces, su casa, sus amigos”, dice.

Quizás por eso, Olga mira a esa muchachada con tanta cercanía, cariño e instinto protector. Mientras hablamos, una jovencita aprovecha para levantarse e irse, con gran energía. “¿Qué sucede, Fátima?”, pregunta Olga sin inmutarse. Ella contesta que no quiere hablar ni ser fotografiada ni salir en ningún periódico, que su madre le ha advertido que no lo haga. Se marcha ante las miradas intranquilas de sus compañeros.

¿De dónde eres? “Yo de Ecuador, yo de Colombia, yo de Rumanía, yo de Toledo, yo de República Dominicana, yo de Salamanca”.... El aula es un botón de muestra de la diversidad de un centro que, en total, alberga alumnos de veintiséis países y cuatro continentes.

"Para los hijos de inmigrantes es todavía más duro porque ellos no eligen y, a menudo, ni siquiera comprenden por qué tienen que dejar atrás sus raíces, sus amigos" “Aquí hay más cosas, como ordenadores, MP3 y celulares. Pero en mi país teníamos más amigos”, nos resume un chico avispado sobre lo que parece ser el sentir general del grupo sobre las diferencias entre España y sus lugares de origen. Y es que la soledad es un problema acuciante en la vida de estas criaturas.

Dicen adiós a su tierra y llegan a un sitio extraño en el que no tienen ni siquiera el precario estatus de inmigrante trabajador. ¿Hay alguien en casa cuando llegáis? “No,...no”- responden uno a uno. Porque una aplastante mayoría de madres de estos pequeños trabajan en el servicio doméstico y los padres -cuando los hay- lo hacen en la construcción. Horas y horas de trabajo, de día y de noche, entre semana y en fines de semana.

¿Y vosotros qué hacéis mientras llegan? Ellas: “Deberes”. Ellos: “Jugar a la Play”. Así, comienzan a proliferar nuevos términos como ‘Niños llave’, ‘guarderías patera’, para designar estas realidades invisibles que, más pronto o más tarde, se aprestarán a analizar sociólogos y a cubrir comunicadores. Por el momento, estas personitas sólo parecen caber en la agenda y en el alma de familias medio rotas y de escuelas a punto de romperse.

Les cuesta responder a las preguntas, incluso las sencillas como si les gusta ir a clase. “Sí, -reconocen en general. Aunque aquí hay menos respeto a los maestros y tenemos muchas más materias” -dice una niña. “Y es verdad que en este aula aprendemos más y los profesores nos ayudan bastante, pero a veces es aburrido y nosotros preferimos estar todo el tiempo con nuestros compañeros del aula normal”.

Aburrirse, aburrirse es lo que le pasa esta mañana a una minoría nacional que nos mira con cierta chulería y desinterés, hasta que descubrimos la contraseña mágica: “p-l-a-y-s-t-a-t-i-o-n”. Y entonces se suman al juego de los deseos. ¿Qué deseo pedirían para este año?

Unos piden salir más, otros tener más amigos, dos de ellos quieren volver a su país, otro que su hermano no controle todo lo que hace, alguien quiere ser millonario, otro más quiere aprobar todo, y más allá, pide que su hermano deje de ser delincuente. La última dice que no pide nada porque ya ha pedido muchas cosas y nunca se le cumplen.

Esto último es la llamada de auxilio de Iris, una preciosa niña dominicana llena de tristeza interior. Iris lleva nueve meses en España y dejó allá a su hermanita pequeña. “La extraño todos los días y yo sé que ella también me extraña a mí; estábamos siempre juntas”, dice casi hipando.

Una gran lección: Nos solidarizamos, os solidarizáis, se solidarizan

Suena la sirena de la hora, se rompe el silencio y la chiquillería se precipita al patio, alegre y despreocupada, llenando con su algarabía todo el espacio hasta un hall plagado de cartelería solidaria: “Hay mucha gente en el mundo que está peor que tú”. “Hazles llegar tu granito de arena”. “Nos necesitamos”. “Ayuda para el desarrollo”. “Campaña a favor de las mujeres de la India”. Jesús explica que en el instituto es habitual organizar pequeñas campañas para recaudar fondos para distintas causas e implicar también a los chavales. “Con la campaña de la India organizamos una tómbola con lo que cada chico o chica trajo y se recaudaron 380 euros. No parece mucho pero que para nosotros, realmente lo es. Justo la semana pasada vinieron los de la ONG a recoger los fondos y a contar historias de lo que pasa en India y el trabajo que ellos hacen allí. El debate fue ...no sé, enternecedor, sí, ésa es la palabra”.

Palabra forjada en un pequeño mundo que nos recuerda activamente que somos parte de una comunidad global y que no podemos encerrarnos en burbujas. Una lección digna de las grandes escuelas.

Tras la hora de salida, en las aulas quedan un grupo de profesores, con los que hablamos para conocer cómo se plantean su trabajo educativo en un entorno como éste.

* Madrid entre Dos Orillas es un proyecto que pretende aportar conocimientos, experiencias, valores y mecanismos de apoyo que contribuyan a potenciar las culturas de la diversidad y a construir puentes de mutuo entendimiento entre la comunidad inmigrante asentada en Madrid y la comunidad local.

FUENTE: Canal Solidario.com

Para leer una entrevista con profes de este centro puedes visitar el enlace de la misma página en: ENTREVISTA CON PROFES


Foro

  • Un mismo proyecto educativo para alumnos de 26 nacionalidades y cuatro continentes
    29 de julio de 2007, por Luis

    Hola, soy un alumno de este instituto.

    Este artículo está plagado de errores. Para empezar, el Instituto no está en Carabanchel Alto, está en Aluche, segundo, es mentira que hay más de un 50% de alumnos inmigrantes. Según datos del instituto no supera el 16%

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