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Terremoto en Haití.
Una carta. 13 Enero 2010.
Emilio / Viernes 15 de enero de 2010
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Les contamos que la situación está muy complicada pues hasta ahora no han cesado las réplicas y los temblores. Ya son tres días que no podemos entrar a la casa ni la gente. Todo el mundo estamos durmiendo en la calle. Es incontable la cantidad de muertos que hay por todo lado, muchas escuelas destruidas y miles de jóvenes niños sepultados, las calles de Jacmel son desoladoras igual que en Puerto Príncipe.

No solo son los muertos, sino los heridos, la miseria la destrucción de todo el país. Se encuentran escombros y partes de gente, entre ellos el hermano de una postulante, Claudine, que quedó sepultado con más de 200 estudiantes que quedaron sepultados en la escuela de la Trinité. Hoy encontraron una parte de su cintura y piernas. Le reconocimos por los documentos que llevaba en el bolsillo. Pasamos toda la mañana de ayer esperando que lo sacaran, pero entre los 15 que encontraron no estaba él sino hasta cuando ya eran las 4 de la tarde y empezaba a oscurecer quedaba esperanza.

La tristeza es intensísima. Esto es muy fuerte. Hemos vivido muchos huracanes pero nunca algo como esto. Nos preguntan, nos preguntamos también con lágrimas: “¿Por qué Haití, por qué cuando más pobre esta este pueblo, mas abandonado, nos llega esto?" El día del terremoto estábamos separadas Consuelo y Lina en la ciudad y les tocó el terremoto en una casa de tres pisos, aun no podemos saber cómo salieron bajo los escombros con vida.

Agathe y Martha, en casa, con todo quebrado y mucha angustia. Finalmente nos reunimos por la noche cuando lograron llegar por la montaña con el papá de Jove, que estaba hospitalizado y el hospital se derrumbó. Todos los heridos, en la calle, tirados y llevábamos una niña en el carro, que encontramos con las piernas fracturadas. El dolor más grande fue llegar al hospital para dejarle allí. Trajimos al papá de Jove a casa y murió al amanecer. Toda la noche temblaba cada dos minutos. La angustia es total, casi depresiva. En la ciudad no hay ni luz ni agua ni comida. Las madres esperando con una sábana en la mano para recibir lo que encuentren de sus hijos.

Cuando estábamos en el entierro del papá de Jove apareció Brank como un ángel para darnos la paz pues pensamos que estaba muerto, pues no sabíamos nada desde hace dos días y la casa se derrumbó del todo. Él está bien, con algunas heridas y llegó caminando desde Puerto Príncipe.

Wynda había subido a Arreguy el día anterior y estaba aquí con nosotras. Cada momento estamos recibiendo heridos. La hermana Olga esta en Puerto Príncipe pues tenía una reunión allí. Aun no tenemos comunicación ni siquiera local, solo nos queda este medio (Internet) que aún no se ha colapsado.

Aun cuando les estamos escribiendo ha temblado de nuevo y hemos tenido que salir un momento. Estamos nerviosas pero no perderemos la esperanza. Si tuvimos la oportunidad de vivir, de nuevo debemos ser fuertes y hacer todo lo que esté a nuestro alcance. Hay amenaza de lluvia. El cielo esta nublado y con mucha brisa. Sabemos que las familias de las novicias haitianas están bien, las famitas que están aquí cerca, pero ellas no saben de las demás que estaban en la ciudad.

El reto más grande es la esperanza y la responsabilidad con la gente pues cada vez son más los que llegan como viendo una salvación y nosotras tratamos de mantenernos en pie. Hay una sensación de mareo en todos. Es como si aun se moviera todo sin parar. Cualquier ruido es pánico pero en medio de todo damos gracias a Dios que estamos bien y la gente de la misión también. Por ahora la incertidumbre es total, pues no se sabe cuándo terminará. Cuando pensamos que ya se acaba, entonces la tierra se mueve de nuevo. Nadie ha podido dormir. La gente está por cientos en la calle y lugares abiertos. Nosotras también pero aquí seguiremos juntas aunque el dolor parece derrumbarnos ahora.

Les agradecemos el apoyo, sus palabras. Haremos lo que podamos hasta nuestras últimas fuerzas. Mucha gente con posibilidades está tratando de salir. Nuestra gente no puede hacer lo mismo. Aquí permaneceremos con ellos. Gracias por todo el cariño y la solidaridad con nosotras y nuestro querido pueblo de Haití. Tenemos la certeza de que como cada año cuando les azota el huracán, al amanecer, se levantan para recomenzar. Así lo harán pues están hechos con una fuerza casi invencible. Es un duelo total, no se escucha nada, todo esta en silencio.

Les queremos mucho, les enviamos muchos abrazos a cada uno y a nuestras familias.

Nota: Seguiremos escribiendo hasta cuando pronto termine el galón de gasolina que queda para tener esta comunicación, aunque esperamos se reparen pronto las líneas telefónicas.

Ha sido de gran fortaleza recibir cada uno de sus mensajes y saber que en estos momentos no estamos solas ni nuestra gente tampoco.

*

Haití.- Por Juan Torres López (Blog Ganas de escribir)

Hace cuatro años escribí este artículo. Ahora mi alma tiembla de nuevo pensando otra vez en tanto sufrimiento.

Haití: el infierno es este mundo

Cuando escribía estas líneas se calculaba que más de mil setecientas personas habían muerto en Haití a causa de las lluvias. Las organizaciones internacionales de ayuda que trabajan allí estiman que las muertes se multiplicarán cuando se extiendan las infecciones.

Es lógico que esto último ocurra en un país que apenas si tiene sistema sanitario. En 2002, el gasto en salud per capita fue de 56 dólares, cuando en España fue aproximadamente de 1600.

Sin que ocurran las desgracias de estos últimos días, la esperanza de vida sana en Haití es de las más bajas del mundo: unos 43 años, mientras que en España es de más de 72 años. La mortalidad infantil fue de 139 por cada 1000, cuando en España es de poco más de 4. En nuestro país tenemos unos 4 médicos por cada 10.000 habitantes, en Haití hay 0,2. ¿Alguien puede extrañarse entonces de que las lluvias, por suaves que fueran, se conviertan en una auténtica masacre? Para colmo, el Fondo Monetario Internacional impuso recortes en los gastos sociales y la deuda externa (a veces para pagar créditos que ni siquiera llegaron a Haití) es económicamente extenuante. Sólo para hacer frente a los intereses se dedica el doble que lo que se gasta en sanidad.

Como siempre que ocurren estas cosas, la tendencia general es a pensar que se trata de una desgracia natural más que cae sobre territorios o naciones que por su intrínseca miseria y pobreza están siempre condenados al sufrimiento y a la necesidad.

Esto es cierto en el caso de Haití pero sólo desde un cierto punto de vista.

Es verdad que hoy día Haití es el país más pobre del hemisferio norte. De sus ocho y pico millones de habitantes se calcula que unos 3,8 no disponen de ingresos suficientes para sobrevivir y que 2,4 están en situación de insuficiencia alimentaria crónica. El 50% está desempleado y un 52% en situación de pobreza. Los que trabajan no están en mejores condiciones. En la capital, Puerto Príncipe, el 92% de los empleos son informales; en el conjunto del país un 60%.

Las imágenes que vemos del país son las de un territorio miserable, sin riqueza alguna, lleno de suciedad y hambre.

Por eso a mucha gente le resulta sorprendente saber que Haití no fue siempre un país pobre ni muchísimo menos. Todo lo contrario. Cuando era colonia francesa proporcionaba a Francia más ingresos que todas sus demás colonias juntas. Allí florecían las artes y era la colonia más rica del mundo. Su ciudad emblemática, Cap Français (ahora Cap Haitien), era conocida como el París del Nuevo Mundo.

La dominación española había sido tan desastrosa y cruenta que despobló el país casi por completo y los franceses lo repoblaron con esclavos negros. En 1789 las ideas de la libertad, la igualdad y la fraternidad estallaron en la metrópoli y los esclavos tuvieron la ocurrencia de creerse que eso iba también con ellos, los negros. Después de levantamientos y revueltas en 1804 se abolió la esclavitud. Antes incluso que en Inglaterra, que lo hizo tres años más tarde aunque, por cierto, con tan escasa convicción que hubo de reiterar la abolición en 1832. Este año se ha cumplido, por tanto, el segundo centenario de su independencia, de la proclamación del primer jefe de estado negro de la historia moderna. Se ha celebrado con sangre.

A partir de entonces comenzaron los grandes dramas de Haití. La igualitaria y revolucionaria Francia no le reconoció la independencia y le exigió altísimas compensaciones. Estados Unidos la combatió desde el principio y decretó sucesivos bloqueos y embargos. El por otro lado tan reputado Thomas Jefferson dijo que "había que confinar la peste en aquella isla". En 1915 fue invadida por Estados Unidos que en 1918 obligó a cambiar su Constitución porque prohibía vender tierras a los extranjeros. Cuando lograron cobrar las deudas de sus bancos los norteamericanos dejaron Haití en manos de dictaduras sangrientas y miserables, como la de los Douvalier padre e hijo, durante la que murieron asesinadas centenares de miles de personas. En Haití ha habido 42 presidentes y de ellos 29 han sido asesinados y sólo 2 han sido elegidos legítimamente. Como dice Eduardo Galeano, "a Haití, los marines siempre regresan, como la gripe".

Con los marines llegaron además las políticas neoliberales. Ya con Douvalier se obligó a que desaparecieran las defensas comerciales y eso permitió que Estados Unidos colocara allí sus excedentes agrícolas. Era lo que buscaban. Cuando era colonia, Haití producía mucho para proporcionarle ingresos a la metrópoli, ahora importa el 70% de los alimentos que consume. Ha pasado de ser productor y gran exportador a convertirse en el cuarto importador mundial de arroz, sobre todo procedente de Estados Unidos. Eso es lo que provocó que la población que trabajaba en el campo, un 70% del total, se arruinara casi por completo.

Las empresas norteamericanas utilizan su mano de obra baratísima en industrias de embalaje y de poco valor añadido, en las llamadas maquilas, que son verdaderos antros de explotación y muerte. Según un informe del National Labor Comitte de Estados Unidos, más de la mitad de las plantas maquiladoras están contratadas por firmas como Sears, Wal-Mart o Disney que pagan menos de la mitad de lo estipulado, exigen jornadas semanales de hasta 70 horas y contratan habitualmente a niños. No respetan el medio ambiente y los ecosistemas están destrozados. Aunque el nombre de Haití significa "tierra de montañas" hoy día sólo le queda un 3% de su antigua superficie forestal.

Mientras tanto, y según el ex embajador en La Dominicana, desde Haití sale un 40% de la cocaína que se consume en Estados Unidos, en operaciones procedentes casi siempre de Colombia y de las que los servicios secretos deben tener buen conocimiento. El Washington Post llegó a publicar el nombre de los militares y matones implicados en el tráfico. Quien quiera entender lo que ocurre en Haití debe analizar, pues, la naturaleza y vinculaciones de los circuitos internacionales del crimen y la droga. Y los poderes que hay detrás de todo ello.

Es materialmente imposible resumir en unas líneas la historia de infamias, saqueos, crímenes y desgracias que jalonan la historia de este hermoso país, de la perla que encandiló a Colón y que ahora sufre de nuevo. Aquellos esclavos creyeron que el sueño de la libertad estaba escrito también para los negros y sus amos blancos no se lo perdonaron nunca. Crearon un infierno donde se matan entre ellos y en donde, además, los destroza una lluvia que en lugar de apagarlas aviva las llamas.

*

Los pecados de HaitíEduardo Galeano

15 Enero 2010

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen. La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:

 Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.


Foro

  • Terremoto en Haití.
    17 de enero de 2010, por Angel

    Dos comentarios se me ocurren:

    1) Es impresionante el testimonio. Si intentas ponerte en el lugar de las gentes de Haiti te das cuenta de lo duro que es perder en unos instantes los bienes, la familia, la comunidad y la esperanza. ¿Qué podemos hacer para ayudar?

    En el mundo son imprescindibles las estructuras de solidaridad. Tenemos que ayudar a que sigan existientdo los estados, los organismos supranacionales, las organizaciones no gubernamentales y un activo tejido social.

    2) ¡Es increíble internet! ¡Cómo funciona cuando todo falla!

    • Terremoto en Haití.
      17 de enero de 2010, por Yolanda JB - http://www.educarueca.org

      Aquí en EducaRueca.org tenemos una dinámica que trata de trabajar y debatir ese tema de las necesidades básicas que comentas. Lo encontrarás en este enlace: http://bit.ly/8SFAhw

      Sobre las estructuras que tú mencionas yo no sé si no son algunas de ellas las que nos causan los problemas. Los estados no son los pueblos y las supranacionales no son sólo puestos de trabajo sino algo mucho más negativo. Hoy escuchaba en t.v. que nos decían que se ha tenido que abandonar el cultivo del arroz en Haiti agravando la crisis porque lo que producen allí sufre la competencia desleal del arroz subvencionado que importan de los Estados Unidos.

      Sí, yo también creo profundamente en el tejido social, serán las bases las que tomen la iniciativa para salir de su estado de opresión. Según Augusto Boal, creador del teatro del oprimido la única liberación viene del oprimido, nunca del opresor. Esas bases nos daremos pronto cuenta que los cambios pueden ser mínimos pero efectivos. Seguro que podemos encontrar arroz de comercio justo en alguna tienda de nuestro entorno. No será la tienda del barrio, probablemente y tendremos que hacer algún esfuerzo pero bien merecerá la pena.

    • Terremoto en Haití.
      17 de enero de 2010, por Yolanda JB - http://www.educarueca.org
      Compruebo con agrado que ya se está empezando a mover alguna gente en centros educativos con iniciativas personales: http://educacion-orcasur.blogspot.com
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