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MARTA MATA
Yolanda jb / Miércoles 12 de julio de 2006
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UN INDICADOR PARA CURTÓ

¿Sabes Lidia? llevo todo el día noqueado con la noticia de la muerte de nuestra amiga.

Cuando murió mi padre, -ya lo sabes- tuve un sentimiento de orfandad terrible porque esa misma semana también había muerto Julio Cortázar.

Ahora, hoy, muere Marta Mata, una suerte de madre pedagógica, el hada madrina que me concedió el único deseo que supe pedirla: saber ser maestro

No soy capaz de llorar, pero me he abierto una botella de cava en esta noche tan rara. Brindo con ella. Con la persona que me descubrió que el franquismo y su sistema educativo fueron una felonía y que la Escuela debía ser Publica, laica, democrática, participativa... o no ser.

Amor, llegué a Alcalá anémico e ignorante, después de estudiar Magisterio en Valladolid. García-Hoz, Arturo de la Orden y demás franquistas al uso habían conseguido que la Universidad fuera un páramo desolador, un reducto de la ignorancia y desatino.

Llegué a Alcalá con la rebeldía en la mochila, creyendo que sabía todo, pero sabiendo que no sabía nada. Buscando en experiencias lejanas; lecturas, libros, escuelas que me sacaran de la mediocridad imperante.

Así, leí a Freinet, Makarenko, Neill, Iván Illich... Más tarde a Freire, Rodari, Alfieri, Stenhouse...

Y este fue el camino que me llevó hasta ella. Antes había repostado en Acción Educativa. El Movimiento de Renovación Pedagógica al que pertenezco se fijó en Marta Mata, es decir en Lali Vintró, es decir en Rosa Sensat, cuando echó a andar.

Marta Mata, entrañable, sabia, tierna fue y será siempre la legítima heredera -ella y todo lo que representaba- de la obra de la Institución Libre de Enseñanza. Había heredado de su madre, Angels Garriga -estas líneas llevan el título de un libro suyo- su preocupación por el mundo de la educación y los niños.

Marta Mata, pedagoga excepcional maestra y maestra de maestros mantuvo viva la llama de la Renovación Pedagógica. La llama de la conciencia republicana, del ideal republicano para el que había sido formada en aquella Cataluña, en aquella España, en el que un día también se creó el mundo.

Fundadora de Rosa Sensat, alentó la existencia de otros MRPs en todo el Estado español. Aún recuerdo el mimo con que nos trató en Barcelona y en su casa de Saifores en la preparación del primer Congreso de MRPs, celebrado en Barcelona en 1983. La ternura con la que acudía a cualquier encuentro, a cualquier charla, a cualquier Escuela de Verano en las que era requerida..

Fue un paladín, ético, una voz hermosa, defensora de la Escuela Pública, de la escuela laica, de la escuela democrática: ”la religión principal de la escuela es la de la convivencia, del civismo y en la escuela deben aprender a convivir distintas creencias y convicciones".

Fue la creadora de Los Consejos Escolares que llevaron la democracia a las escuelas. Y llegó a ser Presidenta del Consejo Escolar del Estado, después del escandaloso trato que recibió por parte del PP y sus sacristanes en la tramitación de la LOE.

Se marchó del Consejo con toda la dignidad del mundo, al tiempo que Rosa de la Cierva y otros que lamentan ahora su pérdida, le tendían un puente de plata, incapaces de valorar la figura que tenían delante.

Cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero llegó al poder fue nombrada Presidenta del Consejo Escolar del Estado, que ella había ayudado a crear. Desde allí defendió la importancia de la Escuela Pública y laica, y muchos recordamos con alegría y orgullo que una mujer católica como ella utilizara su voto de calidad para recomendar al Gobierno socialista que apostara por una escuela laica y sacara la enseñanza de la religión de las escuelas.

Después de mirar tan lejos, miré tan cerca. Ella me descubrió lo que soy como maestro, como ciudadano. Puso en las manos de varias generaciones de maestros las palabras de la Institución Libre de Enseñanza, de la Escuela Moderna, de la Renovación Pedagógica La herencia de la vanguardia pedagógica que el franquismo no pudo borrar.

Mi mochila cada vez está más llena de libros, de ideas, de ideales. Y cada vez que leo un libro, me sigo inquietando, dándome cuenta de todos los libros que aún tengo que leer.

Se nos van los hijos del siglo: Juana Doña, Haro Tecglen, Marta Mata. Pero quedan en nosotras y nosotros, y tarea nuestra es, ahora, mantener y extender el fuego que nos enseñaron.

Gracias, Marta, amiga.

Jesús Ángel Remacha

ENVIADO POR: Pedro Enrique Polo Soltero


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