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Juicio a los Escorpiones
Yolanda jb / Martes 28 de febrero de 2006
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Hola,

Acabo de leer un texto de Jasmina Tesanovic (de Mujeres de Negro de Belgrado). Me ha impresionado no sólo por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta (y cómo lo ha traducido Marisa). No quiero que se me pase el deseo de pediros que lo leáis, por favor. Aunque tengáis otras cosas importantes que hacer. Justo hoy, aquí en Inglaterra (donde ahora vivo) se habla de este "historiador" David Irving, que ha sido juzgado y condenado a 3 años de cárcel en Austria por negar el Holocaustro. Aquí también se le juzgó en el 2000 y se le condenó pero no fue a la cárcel porque en G.B. negar el holocaustro no está penado con prisión. Todo quedó en una condena declarándole antisemita y racista.

Me imagino, como dice Jasmina, que cuando estos escorpiones salgan de la cárcel, si entran, negarán todo y tendremos que seguir probando lo evidente.

Un abrazo,

Yola jb

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Jasmina Tesanovic

¿Quién dio la orden? Juicio de los Escorpiones (2)

1er día, 23 de enero de 2006

El quinto acusado Escorpión casi no habla. Cuando lo hace, no se le puede entender en esta pequeña sala del juzgado donde hoy continúa el juicio contra los Escorpiones. Hace 11 grados bajo cero en Belgrado, nieva, todavía tenemos el gas ruso para calentarnos, pero ¿hasta cuando?

Gruñe, refunfuña y mueve su cabeza mientras la jueza, severa, le interroga. Desde detrás, veo su grueso cuello y su cuerpo torcido, como si le doliera. Está un par de metros delante de mí. Se le pide que hable más alto, pero realmente no tiene nada que decir; se declara no culpable. Hasta ahora su defensa ha sido el silencio. Hoy las pocas palabras que le ha sacado la impaciente jueza han sido NO RECUERDO, NO SE... Se agita y sus ojos se dirigen al suelo. Fue el conductor que llevó a los seis prisioneros musulmanes al campo donde fueron ejecutados. Tenía un Kalashnikov, tenía una pistola, y dice que él no disparó. Vio como les ejecutaban, pero dice: mis ojos se cegaron por una oscuridad súbita, no sé nada.

Durante cinco horas, cuenta esta historia. Era el conductor, se suponía que debía llevar pan a sus compañeros soldados, pero les trajo prisioneros y luego muerte. Dispararon primero a cuatro prisioneros, luego obligaron a los dos restantes a coger sus cuerpos y llevarlos a una casa cercana donde también les dispararon. Abogados y jueces le interrogan. No tiene nada que decir.

Finalmente, otro acusado miembro de este grupo paramilitar comenta que él fue el que disparó a los dos últimos prisioneros en la casa. Entonces grita: claro que disparé, todos disparamos... vuelve a perder los estribos. La noche impidió su visión. La jueza se enfada con él. Dice: ¡Hasta ahora ha defendido otra cosa! El se vuelve atrás... caos en el juzgado.

“Vi la película por primera vez en la TV y creo que la película fue manipulada, algunos de los que estaban allí, no aparecen....”

¿Quien falta? Las víctimas, los oficiales bosnios, sus amigos paramilitares.... Vuelve a no saber nada. Se levanta la sesión.

Estamos en silencio, nosotras las Mujeres de Negro, junto a amigos y amigas de las víctimas que han venido otra vez a Belgrado. La brutalidad y banalidad de la actuación del asesino ha agotado mi sentido de la moralidad. Si no tiene remordimientos, ni nada que decir, ¿hay algo que decir en este mundo?

2º día, 24 de enero del 2006

Día de mapas y careos. Hoy casi nadie menciona cuerpos o armas. Es una día de jerga militar y exhibición. Si no se supiera que el juicio es contra los Escorpiones, hasta podría interesar este discurso. Todos tienen unos egos desmesurados y una alta autoestima: ahora están sentados unos enfrente de otros, contradiciéndose ante la jueza con sus variadas versiones de quien dijo qué, quien era responsable de qué, quien estaba dónde.... Hace diez años, el mismo día que civiles inocentes fueron ejecutados a sangre fría.

Pero éste no es el tema principal para ellos. Sus temas son la lealtad, el silencio de la “omerta”, el honor a la jerarquía y los sagrados deberes militares. Son familia, allegados, padrinos de ellos y de sus hijos. Uno está casado con la hermana de otro. La jueza le pide que explique sus relaciones familiares. Contesta: ¿por qué piensa que estar en la cama con una mujer me hace estar más cerca de ella que de su hermano?

Es el principal acusado, obviamente responsable de la ejecución, pero se las da de duro, niega todo, mientras mueve su largo cabello con arrogancia y exhibe sus músculos como si fuera un modelo gay. Desprecia al tribunal, a los jueces, a la audiencia. Se contesta sólo a sí mismo y al honor serbio y miente. Miente todo el tiempo, negando todo.

Sus subordinados se sienten embaucados. Están totalmente decepcionados y tristes. Están “cantando” y revelan lo que piensan que saben, pero la verdad de fondo se abre paso. Ni siquiera el arrogante jefe dio las órdenes últimas. Las recibió de alguien, de una autoridad serbia, de la policía secreta, del régimen.

Dígale a la sala quién le dio la orden.

Dígalo USTED, si lo sabe. Se disputan unos con otros. El nombre flota en el aire. Nadie lo dice.

Sus alegaciones de simpatía e inocencia no tienen nada que ver con la razón o con la política.

La sala del juicio estaba abarrotada, la prensa trabajaba intensamente en nuestro centro de prensa y se quejaba de que no podía conseguir una información adecuada. Otro juicio paralelo tiene lugar al mismo tiempo, el juicio por el asesinato de nuestro anterior primer ministro Zoran Djindjic. No el juicio de los paramilitares Escorpiones, sino el juicio del clan mafioso de Zemun.

Todos nos encontramos en la cafetería. Nos miramos los unos a los otros durante los descansos. Un tipo siniestro de un clan mafioso nos sisea: ¡Mujeres de Negro! ¡Cuando el partido radical llegue al poder, nos encargaremos de vosotras!

He sabido que muchos jueces que actuaron firme y justamente contra las estructuras de poder del clan fueron apartados de sus cargos después. ¿Quien gobierna hoy en Serbia? ¿Quién mueve los hilos y da las órdenes, seis años después de que Milosevic fuera a La Haya?

3er día, 25 de enero de 2006

Después de días de ver a criminales y a sus abogados, las víctimas aparecen en el estrado. Son los afligidos supervivientes. No están las víctimas reales porque no sólo están muertas sino que, como prueban los análisis de ADN, sus huesos fueron esparcidos en varias fosas comunes. Algunos huesos no han sido encontrado todavía... ¿Hay alguna esperanza de establecer la identidad de los que no han aparecido?

Entran en la sala seis familiares de seis víctimas. Madres, hermanas, hijos y otros familiares llegan a Belgrado desde Srebrenica y alrededores para testificar e identificar a sus personas queridas. Con vestimenta y nombres musulmanes, son ajenos a esta ciudad sucia y grande, con criminales de guerra campando por ella, y a este limpio y moderno juzgado donde se intenta hacer justicia.

Cada día, la cadena de TV B92 emite material documental sobre los Escorpiones. Oigo que, incluso estando en la cárcel, siguen figurando entre los personajes que más ricos se hicieron en Serbia durante la guerra. Incluso si la condena es de por vida, ¿qué significa en la práctica 20 años de prisión? Cuando estén fuera, como ahora están en la treintena, serán hombres ricos y poderosos.

La jueza en la sala dice: La ley internacional está por encima de la ley nacional, así que tenemos que respetar la decisión de varios familiares de las víctimas que tienen miedo a venir aquí y testificarán vía Internet. Es una gran ofensa que tienen que tragar los criminales y sus abogados nacionalistas

La primera testigo declara, con más desesperación que lágrimas. Esta madre reconoce a su hijo desaparecido, de 16 años, en la grabación del asesinato. La audiencia se estremece.

Esta mañana me he mezclado con las familias de los criminales. Son siempre ruidosos y se sientan en las primeras filas. Rompo su sólida línea y me siento en la primera fila yo también. Ahora, las mujeres y hermanas de los criminales sollozan incontroladamente, igual que yo.

La hermana del chico muerto tiene que interrumpir su testimonio porque no puede continuar hablando. Se las arregla para decir: No se pueden imaginar la situación de aquel 11 de julio de 1995. Las tropas de la ONU no hicieron nada. La milicia serbia era incontenible. Bombardeaban, expulsaban a la gente de un lado a otro del país, los dividían, los ejecutaban.... las jóvenes eran arrancadas de sus familias y violadas. En el campo donde pasamos la noche, quince mil pobres almas, nos despertaban gritos de horror y nos poníamos a temblar. Temiendo a la ejecución, la gente se suicidaba o se volvía loca. Nadie sabía que estaba pasando pero todos sentíamos la muerte y estábamos en lo cierto.

El hijo de 18 años de un padre ejecutado dice: Yo tenía 8 años. Le vi cuando nos dejaba. Supe que no le volvería a ver más. Vi la película, filmada unas horas más tarde, que se mostró aquí diez años después de que él fuera asesinado. Llevaba la misma camisa y tenia la misma cara que yo amaba tanto. Nunca olvidaré. No necesito análisis de ADN. Sé que es mi padre.

A su padre le filmaron mientras lo ejecutaban. Y el niño de 8 años también fue filmado, mientras Ratko Mladic le daba dulces, el hijo comía caramelos mientras asesinaban a su padre.

Otra madre no puede hacer las identificaciones con las fotos. Ni siquiera solloza, simplemente se desmaya. Entiendo perfectamente a esta mujer. Cuando nos dicen, si no estabas allí no puedes entender, yo puedo reconocer esto: sé que no entiendo. Estas seis personas enfrente de mi perdieron casi todos los más queridos y cercanos a ellas en aquellos pocos días de matanzas.

Todos hacían la misma pregunta: POR QUÉ. Los que fueron asesinados no eran soldados. Todo lo que querían era huir del enclave de la ONU y vivir. Invariablemente, después de sus declaraciones, se vuelven estupefactos a mirar la cara de los que lo hicieron. Les miran fijamente. Los hombres aguantan la mirada. Nadie pronuncia las palabras: limpieza étnica.

Uno de los acusados intenta una disculpa. Un testigo le oye decir: mi más sentido pésame, pero yo obedecía órdenes.

En este juicio, hay una cuestión central. ¿Quién dio las órdenes? Natasha Kandic, activista de derechos humanos, quiere probar que fue terrorismo de estado. Los criminales se quieren definir a sí mismos como honorables combatientes civiles. Nos sentamos por la tarde con nuestras nuevas amistades bosnias. Sólo piden justicia e incluso creen que la obtendrán aquí, en este tribunal especial de Belgrado.

Tejemos juntamente nuestras nuevas vidas. Hablamos la misma lengua, aunque la denominemos de forma diferente. Compartimos una historia, aunque desde lugares opuestos. Compartimos las mismas creencias. Las llamamos justicia y verdad, o amor a la humanidad.

En esta segunda fase del juicio a los Escorpiones, estas simples seis voces que hablaban desde el corazón pusieron de manifiesto la banalidad del mal.

Belgrado, 26 de enero de 2006.

Traducción del inglés: Marisa Méndez-Vigo, Red de Mujeres de Negro


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