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Dolce & Gabbana, la frivolidad llega a la violación
Artículo de Pilar Rahola en elperiodico.com
Yolanda jb / Lunes 26 de febrero de 2007
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« Me dicen que lo peor es que lo venden con un envoltorio fashion. Todos insolentemente guapos, insultantemente jóvenes, adonis metrosexuales de los tiempos de la modernidad. También me dicen que lo peor es que es una marca de prestigio, bien pertrechada en su background de lujo y calidad. Y todo ello es cierto, hasta tal punto que lo más indignante del cacareado anuncio de Dolce & Gabbana podría centrarse en ese aspecto de riqueza sin alma, de comercio sin otro objetivo que multiplicar los beneficios de la marca.

Sin embargo, y aceptando los términos anteriores, creo que lo peor de este simulacro de violación colectiva, con decorado megapijo, es la banalidad con que se trata el mal. Es cierto que no hablo del mal puro en el sentido que Hannah Arendt retrató en su famoso libro, pero si el color negro contiene grises, el mal tiene diversas gradaciones hacia la oscuridad. Y la violencia de género es uno de esos negros tintados que manchan la realidad hasta sangrarla. No estamos, pues, ante un anuncio de mal gusto, sino ante el uso consciente de un drama social, para convertirlo en un reclamo comercial. Y todo ello entre el ji-ji, ja-ja de la moda frívola y el fru-fru del éxito.

POR SUPUESTO, ni me planteo la posibilidad de que la intención de Domenico Dolce y Stefano Gabbana no fuera exactamente la que es, crear polémica con un tema delicado, para conseguir un gran ruido mediático. Y, como bien sabe Risto Mejide, el primer mandamiento del catecismo publicitario es el de existir por encima de la masa. ¿Qué otro camino, en estos tiempos de saturación, que la provocación en estado puro? A la vez, como también estamos saturados de metáforas provocadoras, solo queda el minado territorio de las cuestiones sensibles, el paraíso de la incorrección. La divina pareja, pues, no ha patinado, ni ha cometido un error de manual, ni, perdidos por las sendas vaporosas de su mundo fashion, ha olvidado el barrizal de la tierra. Muy al contrario, este dueto empresarial sabe a qué juega, con qué juega, y qué daño hace. Por ello, mi principal preocupación, más allá del celofán con que se presenta la maldad, es la banalidad con que se trata. El todo vale para vender una colonia o una camiseta. Especialmente todo vale cuando se trata de banalizar el mal contra la mujer [...]

HACE MUCHO más daño, en la lucha contra el maltrato, un anuncio como este, que cualquier proclama de machismo jurásico. Pero, además, hace daño porque la publicidad, por arte de magia y/o poder, parece gozar de indulgencias que no existen en otras formas de comunicación. ¿Se imaginan este anuncio en forma de artículo? Quizá se trate de eso, de acabar con ciertas formas de impunidad. Ya lo dijo Hannah Arendt hace mucho: la banalidad del mal parte de la irreflexión de quien lo comete. Es la nada moral. »

Extracto de La banalización del mal, Pilar Rahola. elperiodico.com - Opinión - 23/2/2007

Visto en: Consume hasta morir

Para entender de dónde venimos en materia de mujer y publicidad hay que ver esto: http://blogs.lainformacion.com/strambotic/2013/07/29/anuncios-sexistas/


Foro

  • Dolce & Gabbana, la frivolidad llega a la violación
    27 de febrero de 2007, por lbarroso
    Magnífico el análisis.
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