::: Dinámicas para tutoría :::
A.R.D.I.L.L.A.
Yolanda jb / Sábado 28 de enero de 2006
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Había una vez una ardilla llamada ARDI y otra llamada DILLA que habían nacido en un bosque muy grande, muy grande, muy grande, llamado RACUNI. Se conocieron un día de verano en el que se desató una tormenta feroz. Los rayos chocaban contra las rocas produciendo un fulgor que asustaba a los osos que vivían a mil leguas de allí; los truenos eran tan fuertes que hacían temblar a las madrigueras de unos animales que se hacían llamar personas. Los árboles agitaban como nunca sus ramas. Los animales, atemorizados, se habían escondido en sus nidos o madrigueras.

Ardi pensaba que no habría nadie jugando en el bosque con esa increíble tormenta. Dilla estaba pensando lo mismo cuando en un salto entre un roble y un castaño Ardi chocó con Dilla y Dilla chocó con Ardi.

Y a partir de ese día se hicieron muy amigas. Descubrieron que les gustaban las mismas cosas. Disfrutaban mucho jugando con los árboles, haciendo correcalles con algunas liebres, remojándose en las cascadas de los ríos, hablando por la noche con las lechuzas, tomando café con los osos tras levantarlos de la siesta, entrando en las madrigueras de los animales para tomar prestado algún dulce, incluso coincidían en que las madrigueras que menos les gustaban visitar eran las de las personas.

Se divertían mucho juntas en Racuni, siempre había menos sitios que descubrir. Pero un día conocieron a un animal nuevo que se había perdido.

  ¡Hola, yo soy Ardi!

  ¡Hola! Yo soy Elephant y además hablo francés.

  Ah! Pues que bien. Respondió indiferente Dilla.

  Me ha perdido y me gustaría encontrar de nuevo a mis amigos y amigas.

  Dilla le dijo: No sé, no sé. No sé si ayudarte.

  Venga sí, así conocemos nuevos sitios, dijo Ardi.

  Es verdad, Ardi, vamos a hacerlo.

Y emprendieron un largo viaje hasta los confines del bosque que duró tanto tiempo que no podrían recordarlo. Conocieron rincones inhóspitos, nuevos animales, grandes ríos y hermosos árboles. Y cuando menos se lo esperaban llegaron al final del bosque.

Fue un día increíble. No podían imaginar que existiera algo así. Era como un bosque con luces que se parecían a las de los rayos de las más violentas tormentas de Racuni, con ruidos continuos que unas veces se parecían a los de las cascadas más altas y otras a las fiestas que organizaban las cabras con los rebecos en Racuni.

Era el bosque de cemento.

Conocieron muchas cosas diferentes y a muchas personas diferentes, unas les gustaban más a Ardi y otras más a Dilla.

Ardi se dedicaba a contar historias sobre el bosque de Racuni, muy apreciadas entre algunas personas. Dilla tuvo éxito dedicándose a la danza y al salto de altura, e incluso trabajó como modelo fotográfica.

Pero todo esto las fue separando, sus gustos coincidían cada vez menos, no frecuentaban las mismas madrigueras ni jugaban a las mismas cosas y finalmente dejaron de verse.

Dos otoños después empezó a correr la noticia de que el bosque de Racuni estaba cambiando de color y de sonido, y de que se estaba convirtiendo en un bosque de cemento.

Ardi llamó a su amigo Elephant, el que sabía francés, y volvieron juntos a Racuni. Dilla por otro lado, viajó también hacia el bosque. Ella con amigos y amigas del equipo de salto de altura. Y todos juntos decidieron formar después de una loquísima fiesta de reencuentro el COLECTIVO A.R.D.I.L.L.A. (siglas de Agrupación Rebelde para la Defensa de los Ideales de las Ardillas).

Después de varios estudios para identificar las causas del problema y analizar los recursos existentes, realizaron una planificación estratégica con métodos epidemiológicos ya utilizados en el bosque de la Salud y que habían sudo muy eficaces.

La lucha fue ardua y costosa. Hubo momentos muy difíciles en los que incluso se llegaron a plantear pasar a la lucha armada. Pero finalmente consiguieron recuperar casi todo el bosque. Racuni fue de nuevo frondosa tierra y a la vez feroz. Y más hospitalario que antes para los visitantes.

Dilla y Ardi aprendieron la lección y comprendieron que podían ser amigas a pesar de que no les gustaban las mismas cosas.

Pasó un tiempo y aunque su amistad crecía decidieron disolver el Colectivo ARDILLA ya que Dilla quería volver al bosque de cemento para seguir jugando al salto de altura. Allí se hizo muy amiga de Elephant, y a tanto llegó su amistad que Dilla aprendió francés y Elephant practicó el salto de altura.

Ardi siguió en Racuni. Jugaba mucho como antes pero también se dedicaba a la defensa del bosque. Dilla desde el bosque de cemento, de otra manera, también luchaba por Racuni y era feliz así.

Siguieron viviendo muy alejadas y haciendo cosas diferentes, pero continúan viéndose a menudo, y su amistad, aún hoy, sigue creciendo y creciendo.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Iñaki Imaz.

Enviado por: Alternativa Antimilitarista -Movimiento de Objeción de Conciencia de Carabanchel (Madrid). Nos han enviado una serie de Fábulas Insumisas que iremos publicando poco a poco.

Si queréis saber más de este grupo este es el enlace a su página: AA-MOC Carabanchel


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