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Pedro. Un desertor en Colombia.
Emilio / Jueves 8 de mayo de 2008
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Pedro en prisión

Hace un año, tras presenciar y vivir en directo las condiciones de vida llevadas a cabo por los militares colombianos, el soldado raso PEDRO MANUEL SANCHEZ CALIX prefirió convertirse en un desertor del ejército colombiano, en abandonar su bandera, antes que volver a incorporarse a las filas en una guerra criminal y a una institución que desconoce la condición de sus soldados. Se dio cuenta que esa institución no representaba la bandera que con gusto representaría por un país en donde hombres y mujeres son más importantes y que merecen ser reconocidos y reconocidas como verdaderos ciudadanos de esta amada patria.

Pedro está ahora en Sincelejo, donde se ha unido a un número cada vez mayor de soldados colombianos que desertan, no de la institución, desertan a la guerra, a la muerte y a la deshumanización del conflicto.

Pedro habló con los jóvenes de Paz Caribe, y relató parte de su experiencia que lo convierte hoy en un “desertor”.

“Una noche lluviosa pensé: hoy es el día, hoy es la noche que me alejo de este grupo…y ya lo había decidido sin mirar hacia atrás….nos dijeron que cambiáramos de camuflado y yo lo hice y cuando estaba quitándome las medias se me vino el cuero de la parte de la planta y me quedó el pie en carne viva…en ese momento me di cuenta que no podía caminar…ya sentía la frialdad de la muerte, pues tenia yagas en el cuerpo y ahora con la planta del pie en carne viva…dije no mas en esa situación tan cruel y torturante…aproveche el momento en que me dijeron que tenía que ser el centinela de la noche y a eso de la 1ó 2 de la mañana para continuar camino, para mis adentros dije, prestaré centinela pero no llamaré a nadie…y así lo hice cuando todos dormían arranque con el camuflado y en chancletas y bolso de asalto con algunos víveres, pensando en el tiempo y el camino que me esperaba, dejando el armamento, equipos y municiones, dejé el camuflado mojado y emprendí mi huida sin caminar arrastrándome como la culebra pues no podía caminar, me arrastré hasta llegar a una casa donde me auxiliaron varios días, el dueño de la casa tenía miedo por tenerme ahí…me encerraron en esa casa y me protegieron curándome con remedios caseros. Decidí votar el camuflado, me regalaron ropa y me vestí de civil, me colaboraron con dinero para que continuara el camino.”

Pedro nació en Boyacá corregimiento al sur de Bolívar, ayudando a su familia a trabajar en fincas ajenas, ordeñando ganado, sembrando diferentes frutas, etc, se dedicaba a la cría de animales de corral y le gustaba la pesca, se divertía mucho pescando en la ciénaga. Le gustaba salir en las tardes a jugar microfútbol, escuchar música con amigos…vivía en el campo como campesino, una vida que quería, libre. Sin embargo, una situación empezó a agobiarlo al ver como sus compañeros del campo empezaron a dejarlo por causa de la violencia pensando que nunca podría llegar el conflicto hasta donde él estaba y un día cuando el conflicto se agudizó le tocó salir también a la ciudad, sin saber qué iba hacer en ella, sin saber cómo iba a vivir, la familia empezó a separarse y se quedó solo.

Estando en la ciudad, se enteró que su padre, que viví al sur del departamento de Bolívar, estaba enfermo y es cuando decide regresar y asistir a su padre. Pedro cuenta: “… un día salí de la finca para donde mi hermana venía yo en una moto, y llegando al pueblo estaba un reten del ejercito deteniendo a todo vehículo, pero cuando me detuvieron me pidieron los papeles y yo pregunte ¿de qué se trata esto aquí? y nos dijeron este era un puesto de control y estaban pidiendo papeles, luego me dicen que estaban reclutando, entonces yo les solicite mis papeles y me preguntaron si ya había definido mi situación militar, yo les dije que no, entonces me dijeron que me iba con ellos para el comando de la policía, y me llevaron para el comando…. Allá nos dijeron, que todo ciudadano, tienen que prestar el SMO, el que no sirva es por que tiene problemas en su cuerpo físico o mental, luego de varios día detenido, pasando hambre y privaciones, nos hicieron el examen médico, faltaba yo, yo le pedía a Dios tener cualquier cosa para no servir…pero cuando me toco el turno SALI BUENO e ingrese inmediatamente a la fila de los buenos y pregunté por que nos hacen esto si nos dijeron en San Pablo que solo veníamos a una revisión y según eso nos darían boleta para regresar el 6 de enero y me contestaron: “teníamos que decirles así para que pudieran venir tranquilos, por que si no, no venían voluntariamente”. Desde ese momento ingrese a las filas del ejercito , y empecé a sufrir mucho, y todavía a los tres meses mi familia no sabia donde estaba, nadie le colabora a uno para hacer una llamada y me empecé a preocupar por mi familia y por mi estado triste internamente.”

Pedro comprendería más tarde que los reclutadores sabían exactamente qué cosas tenían que decirle, manipulando su falta de seguridad en un empleo y la carencia de asistencia social para él y su familia. Al tomar en serio las seguridades que le dieron –que podría adquirir las habilidades y técnicas que necesitaba para su trabajo- pensó que unirse al ejército era una buena decisión.

Pasando el tiempo en sus actividades habituales como soldado raso de una patria que defiende a los ciudadanos de bien de la violencia, él mismo empezó sentirse violentado en sus derechos más mínimos como a continuación él relata:

“Cansado de esta actividad militar, pensando en los múltiples inconvenientes para el bienestar, cansado del maltrato de los superiores, la mala alimentación y las extensas jornadas de camino, decidí un día: DESERTAR. Empecé a enfermar, con hinchazones, rasquiña y me brote en la pierna , pensé que era un picazón pero fue poco a poco subiéndome, desde la pierna hasta la cintura, en la pierna afectada (derecha) me salieron unos granos y se me enconó y se me insertaron gusanos en las heridas ocasionadas por la rasquiña, dolores en los oídos, los testículos, la espalda, los pies…mejor dicho todo me dolía en ese momento y empezaba a aumentarse la jornadas de camino, tocaba hacer una travesía aproximadamente de 25 días, pero yo ya no aguantaba mas …yo todo el tiempo le comunique a el teniente Frias mi situación de salud, y él me contestaba que yo no tenia nada y que solo se brindaba apoyo por ser herido por el enemigo o agonizando, fueron pasando los días y todo el tiempo mojados por la lluvia , esto empeoraba mi situación de salud…mi cuerpo olía a muertecina y un día salimos de un filo (un filo o teta es la punta del cerro), hacia un pueblo aproximadamente caminamos unas 7 horas por que ya todos estábamos cansado y no aguantábamos mas el camino y el comandante nos dijo que íbamos a pasar en el pueblo 5 días, mas o menos a las 8 de la noche y yo pensé que era cierto y en cuatro o cinco días me podía recuperar y según ellos me iban a brindar atención medica, cosa que no fue así, pues a las 9 pm de esa noche dieron la orden de empacar recoger campaña y proseguir a otro pueblo a las dos de la mañana pues decían que el enemigo lo teníamos cerca….pero yo dije si es así prefiero desertar…”

¿Quién es el enemigo?, ¿Cuál era su bandera?. Pedro empieza a identificar que los únicos que estaban atentando contra su integridad era la institución que lo había reclutado, apartado de su familia y de su vida, con la esperanza de construir un mejor futuro para él y su familia decide enfrentar este nuevo reto que la vida le impone, al verse afectado física y mentalmente, ve la deserción como la salida única a su condición. Pero veamos cómo fueron esos momentos después que este soldado “desampara su bandera, que abandona una opinión o causa”

“Una vez que me recupere en la casa que me escondieron, me colaboraron con dinero para que continuara el camino….pero mi familia estaba muy lejos. Siempre tenía la incertidumbre de ser capturado por el ejercito o por los grupos que en esa zona operan….ya mis pies estaban un poco mejor, por lo menos ya afirmaba y podía caminar..….seguí caminando y llegue a un pueblo llamado Montecristo en el sur de Bolívar, esa caminata duro mas o menos unas diez horas donde me contacté con persona que me ayudaron y me llevaron donde el alcalde le presentaron mi situación, y él me apoyo con dinero para viajar hasta mi casa. ….en esta travesía dure aproximadamente un mes para llegar a casa, pues tenia que tener en cuenta los retenes que estaban montados por el ejercito, muchas veces me tocó devolverme para evadir al ejercito.”

Pedro no está solo, “..en el mes de septiembre cuando me citaron a indagatoria y me tocó asesorarme con mis pastores, quienes me conectaron con la Corporación y el grupo de objetores de conciencia, empecé a escuchar la OC por primera vez y seguí asistiendo con el grupo que me empezaron a brindar información sobre este proceso…poco a poco he ido entendiendo que mi practica de fe es también OC y que desde que opte por seguir a Cristo, hace tres años, mi compromiso con la No violencia era un principio de mi posición como objetor”.

Pedro piensa terminar sus estudios, actualmente tiene 24 años y quiere culminar el bachillerato, entrar a una universidad y estudiar sistemas, administración de empresas, o montar un negocio para sostenerse y llevar una vida normal con una familia, tener un hogar y ser feliz con ellos…

Esta situación de Pedro inevitablemente nos lleva a recordar a dos grandes poetas que en sus relatos hacen alusión a situaciones como las descritas.

Palabras del poeta Hugo Cortés Lozano en el lanzamiento del libro “Apunto de llover. Poema de un desertor” de Carlos Luis Torres:

“Aceptar o no aceptar, he aquí el dilema del ser, de aquel que despierta y frente a su conciencia cuestiona el mundo que le impone la vida. Fue la obsesión de la validez o no de su existir, del convencimiento pleno de la misión única del ser: Transformador de llantos, generador de bálsamos, cantor ambicioso de amarguras, re-afirmador de miserias prehistóricas….”

Y para finalizar un poema de Daniel Echeverri Jaramillo | (1908- )

El Desertor

El comandante dio la orden y todos, menos uno, acataron sin reproches sus designios.

Un ejército, al que falta apenas un soldado, yace en el campo de batalla.

Sobre esta lápida de bronce hay nueve nombres de metal; guía una estrella cada nombre: nunca su luz se extinguirá.

Contra el fanático enemigo fuimos diez hombres nada más; ciento eran ellos en la cima; sólo yo quise escapar.

Por los peldaños de la sangre fueron a la inmortalidad... Hay nueve estrellas sobre el bronce: ¡...nadie de mí se acordará!

¡Ya nadie puede llamarme desertor!

Aquí va un video sobre la objeción de conciencia al servicio militar en Colombia.


Foro

  • Pedro. Un desertor en Colombia.
    14 de mayo de 2008, por Maggie de ozuna
    Soy de Sincelejo, me senti muy satisfecha de ver por medio de su articulo , que existen jovenes en Sincelejo, con un profundo sentido de la libertad, de la dignidad y de su conciencia, que piensan que las guerras no dejan desarrollo sino dolor, lagrimas y rompimiento del tejido social, me gusta saber que hay jovenes que no quieren definitivamente ir a la guerra, ni participar en los conflictos belicos,pues no sienten que estas actitudes y posiciones contribuyan al crecimiento suyo ni colectivo de los pueblos, jòvenes que piensan que la noviolencia es el medio de resolver y transformar sus conflictos, que adelanto de nuestra gente, donde sobreabunda la violencia sobretodo en la juventud, tambien me gustaria que ustedes puedan hacer seguimiento al caso de "pedro desertor " pues saber que abogados le atendieron su caso y còmo pudo salir de la carcel. Maggie de Ozuna
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