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Un tazón de caldo
Yolanda jb / Martes 21 de febrero de 2012
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Varias historias sobre el mismo tema, los prejuicios.

UN TAZÓN DE CALDO

Una señora de setenta y cinco años coge un tazón y le pide al camarero que se lo llene de caldo. A continuación, se sienta en una de las muchas mesas del local. Pero, apenas sentada, se da cuenta que se ha olvidado del pan. Entonces se levanta, se dirige a coger un bollo para comerlo con el caldo y vuelve a su sitio.

¡Sorpresa! Delante del tazón del caldo se encuentra sin inmutarse un hombre de color, un negro, que está comiendo tranquilamente. ¡Esto es el colmo, piensa la señora, pero no me dejará robar! Dicho y hecho. Parte el bollo en pedazos los mete en el tazón que está delante del negro y coloca la cuchara en el recipiente.

El negro complaciente, sonríe. Toman una cucharada cada uno hasta terminar la sopa, todo ello en silencio. Terminada la sopa, el hombre de color se levanta, se acerca a la barra y vuelve poco después con un abundante plato de "espagueti" y... dos tenedores. Comen los dos del mismo plato, en silencio, turnándose. Al final se van.

¡Hasta la vista ! saluda la mujer.

¡Hasta la vista! responde el hombre, reflejando una sonrisa en sus ojos. Parece satisfecho por haber realizado una buena acción. Se aleja.

La mujer lo sigue con su mirada, una vez vencido su estupor busca con su mano el bolso que había colgado en el respaldo de su silla. Pero ... ¡sorpresa! el bolso ha desaparecido. Entonces aquel negro... Iba a gritar ¡ladrón! cuando, ojeando a su alrededor ve su bolso colgado de una silla dos mesas más atrás de donde estaba ella, y sobre la mesa la bandeja con un tazón de caldo ya frío.

Inmediatamente se da cuenta de lo sucedido. No ha sido el africano el que ha comido su sopa, ha sido ella quien, equivocándose de mesa, como gran señora ha comido a costa del africano.

(Esta historia fue inicialmente publicada en 2005 - Nota de EducaRueca.org)

El negro

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

ROSA MONTERO 17 MAY 2005

Fuente original: http://elpais.com/diario/2005/05/17/ultima/1116280802_850215.html

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Una versión original en video: NO TODO ES LO QUE PARECE.

Y si lo que queréis es trabajar otra historia similar pero también con un vídeo aquí va otro enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=EyXAnmjCovY&feature=youtu.be

Fuente original: Jurjo Torres Santomé -Facebook


Foro

  • EL TAZÓN DE CALDO
    1ro de noviembre de 2008
    Es una historia preciosa, soy catequista y me encanta utilizarla cuando hago un retiro con mis niños y hablamos de la Eucaristía... a veces me veo como esa mujer, que juzga a priori y no es capaz de compartir y veo a Jesús en ese africano que comparte lo que tiene aún cuando aparentemente no es para nada justo que alguien llegue y tome lo que es tuyo...
  • EL TAZÓN DE CALDO
    14 de agosto de 2008
    quien lo escribio??
  • EL TAZÓN DE CALDO
    18 de abril de 2008, por maria y sarai

    hola pues mi amiga y yo emos leido el cuento y nos a encantado lo emos leido como terea de clase y la verdad que es un cuento muy bonito que nos enseña que aun hay buenas personas en el mundo felicitamos a su escritora/or

    saludos:

    maria y sarai

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