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Discurso de El Gran Dictador
Charles Chaplin en 1940
Emilio / Domingo 15 de febrero de 2009
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Realmente lo siento pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar ni conquistar nada de nada.

Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos . . . negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua . . . no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. La buena tierra es rica y puede garantizar la subsistencia de todos. El camino de la vida puede ser libre y magnífico, pero hemos perdido ese camino. La voracidad ha envenenado el alma de los hombres, ha rodeado el mundo con un círculo de odio y nos ha hecho entrar marcando el paso de la oca en la miseria y la sangre. Hemos mejorado la velocidad pero somos esclavos de ella. La mecanización que trae consigo la abundancia nos ha alejado del deseo. Nuestra ciencia nos ha vuelto cínicos. Nuestra inteligencia duros y brutales. Pensamos en exceso y no sentimos bastante. Tenemos más necesidad de espíritu humanitario que de mecanización. Necesitamos más amabilidad y cortesía que inteligencia. Sin estas cualidades la vida solo puede ser violenta y todo estará perdido.

La aviación y la radio nos han acercado los unos a los otros. La naturaleza misma de estos inventos requería la bondad del hombre y reclamaba una fraternidad universal para la unión de todas las personas.

En este momento mi voz llega a miles de seres esparcidos por el mundo. A quienes puedan comprenderme les digo: no desesperéis. La desgracia que ha caído sobre nosotros no es más que el resultado de un apetito feroz, de la amargura de unas personas que temen el progreso humano. El odio de las personas pasarán y las dictaduras perecerán. El poder que han usurpado al pueblo volverá al pueblo. ¡ Mientras existan personas que sepan morir, la libertad no podrá perecer !

Soldados, no os entreguéis a esos brutos . . . hombres que os desprecian y os tratan como esclavos, hombres que regimentan vuestras vidas, imponen vuestros actos, vuestros pensamientos y vuestros sentimientos; que os amaestran, os hacen ayunar, os tratan como ganado y i os utilizan como carne de cañón ! No os pongáis en manos de esos hombres contra natura, de esos hombres-máquina con corazones de máquina. ¡ Vosotros no sois máquinas ! ¡ Vosotros no sois ganado ! ¡ Vosotros sois hombres ! ¡Vosotros llevais el amor de la humanidad en vuestros corazones ! No odiéis . Solo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales . . . Soldados, i no combatáis por la esclavitud ! Trabajad por la libertad.

Vosotros, el pueblo, tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder para crear esa vida libre y espléndida . . . para hacer de esa vida una radiante aventura. Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder . . . i unámonos todos ! Luchemos por un mundo nuevo, un mundo limpio que ofrezca a todos la posibilidad de trabajar, que de a la juventud un porvenir y resguarde a los ancianos de la necesidad.

Prometiendo estas cosas gente ambiciosa se ha hecho con el poder. Pero i han mentido ! No han mantenido sus promesas, i ni las mantendrán jamás ! Los dictadores se han liberado pero han domesticado al pueblo.

Trabajemos ahora para que se cumpla esta promesa. Pongamos todas nuestras fuerzas para conseguir un mundo equilibrado . . . Un mundo de ciencia en que el progreso lleve a todas las personas hacia la felicidad.

¡ Soldados ! en nombre de la democracia abandonad las armas de la muerte. ¡Unámonos!


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