::: Dinámicas para tutoría :::
UN AÑO POR ALGO.
Serafín Ruano estuvo un año en la cárcel por negarse a participar en el ejército.
Emilio / Jueves 18 de septiembre de 2008
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Los compañeros de AOC que se ocupan de la revista llevan tiempo pidiéndome que cuente la experiencia que he vivido en la cárcel durante el tiempo que he estado allí. Llevo tiempo dándoles largas y ahora no se me ocurre alguna excusa para seguir haciéndolo.

Además creo que es necesario contarlo por ser el primer miembro de AOC que ha pasado por la institución penitenciaria y además les puede venir bien a los que vengan detrás (¡ojalá no sea así!); por cierto que en estos momentos hay un compañero de Madrid en tercer grado.

LA SENTENCIA

Ya desde el momento en el que decidí desobedecer al llamamiento de la PSS asumí que esa decisión tenía casi todas las posibilidades de llevarme a la cárcel. No es que yo fuese pesimista por naturaleza, sino que era la pura realidad. Por lo tanto los fallos de los jueces no me pillaban de sorpresa; al contrario, sólo acababan confirmando lo que ya les había ocurrido a otros objetores insumisos del MOC y de KAKITZAT. La sentencia 2.4.1. (abreviatura carcelaria de 2 años, 4 meses y 1 día) era de esperar. El apoyo recibido por la gente y los grupos que durante todos esos momentos me acompañaron y la certeza de que lo que estaba haciendo lo hacía con un fin y en conciencia, hizo que la celebración del juicio mereciese la pena.

LA CÁRCEL

Una vez conocida la sentencia mi interés se centraba en saber exactamente donde iba a ir, sin dejarme llevar por cualquier mito carcelario. Me puse en contacto con un insumiso del MOC en tercer grado y me relató su experiencia en la cárcel durante los primeros días. De esta forma mí entrada en Basauri fue más previsible.

Antes de entrar en el Centro Penitenciario de Basauri estuve acompañado de unos cuantos amigos disfrutando del último de los cálidos apoyos recibidos durante los últimos meses, momento que aprovecharon para regalarme una lima.

La entrada en la cárcel fue extraña, como si entrases en un matadero controlado asépticamente.

El abogado (Bittor) que me había acompañado hasta los funcionarios se despidió y los funcionarios me mandaron pasar a través de una gran puerta corredera metálica accionada a distancia, que sonaba como suenan en las cárceles de las películas.

Me registraron todo lo que llevaba, me retiraron la documentación y el dinero en forma de billetes, preguntaron por la organización a la que pertenecía y si pensaba plantarme al tercer grado. No mandaron desnudarme a pesar de que si lo habían hecho con otros insumisos. Posteriormente me invitaron a dejar las huellas de mis dedos manchados de tinta sobre unos papeles, cosa que a partir de entonces se convertiría en habitual, días más tarde vendría la foto de presidiario.

Me llevaron al pabellón de Régimen Abierto directamente a pesar de que estaba clasificado en 2º Grado; a otros insumisos les han llevado a la enfermería o a 2º grado aunque esto último es raro. Allí tuve la suerte de encontrarme en la misma celda (txabolo) con un insumiso del MOC que había entrado ese mismo día y que durante los días de espera del tercer grado me haría compañía.

SEGUNDO GRADO. LA ESPERA.

Desde que entras en el Centro Penitenciario ya estás pensando en salir debido al grado de aislamiento al que te sujetan. No posees documentación, estás aislado del exterior, las llamadas de teléfono están restringidas, las debes pedir mediante instancia y esperar a que te llegue la autorización, realizando la llamada delante de un funcionario. En nuestro caso, privilegiado, la salida o paso al tercer grado no suele tardar mucho, 5 ó 15 días en los peores casos.

La vida en el pabellón de tercer grado es monótona, durante el día hay algunos presos comunes que están a la espera del tercer grado y que se ocupan de diversos trabajos. Las comidas son comunes con unos horarios fijos y ligeramente adelantados a los habituales. La calidad de la comida deja que desear y no es raro ver a los comunes comprarse alimentos en la tienda de la cárcel.

No existe ninguna actividad ni horario excepto el de las comidas y el de salida y entrada del txabolo por la mañana y por la noche. Durante el día puedes estar en la celada, en la sala de TV que es a la vez el comedor o en el patio; sin ninguna restricción. Durante el día la megafonía está sonando constantemente dando avisos a los reclusos para que pasen por el médico, la educadora, la asistenta social, el rastrillo (caseta de control de paso)… Esto te mantiene entretenido durante los primeros días visitando a todos estos personajes que van a velar por tu reeducación e inserción en la sociedad.

Hay que prescindir de los mitos que rodean la cárcel conviviendo con el resto de los presos con normalidad aunque teniendo en cuenta dónde te encuentras y con quién estas.

ABSURDO.

Durante la semana que permanecí en el pabellón de tercer grado, un momento muy importante era cuando venían los presos clasificados en este grado y que eran en su gran mayoría insumisos; en algunos momentos hemos llegado a estar más de 90.

La hora de entrada era a las 11 de la noche y los pasillos se llenaban de gente hablando de las últimas noticias sobre; quiénes eran los últimos insumisos que había entrado, cuando era el siguiente plante de insumisos…

Cuando habían entrado desde la calle todos los presos, los funcionarios pasaban a cerrar las celdas (txabolos)y hacía el recuento en cada celda, recuento que se repetía una y otra vez cuando había algún plante y no les cuadraban los números.

Ya en la celda; una habitación más o menos regular formada por unas literas, unas taquillas metálicas, un cuarto con el water y en algunos casos unas mesillas recicladas. Nos juntábamos gente de los más variopinta, insumisos que eran profesores de institutos, estudiantes, parados, vividores, empleados, empresarios o abogados que por las mañanas venían a la cárcel a visitar a sus clientes y por la noche volvían en chándal de clientes. En esta celda había buena representación antimilitarista formada por el MOC, KAKITZAT Y AOC y no antimilitarista compuesta por un jarraitxu, esto le daba cierto colorido a los discursos que explicaban el que compartiésemos dormitorio. Aunque al final los discursos se agrupaban por personas y circunstancias y no por siglas.

También durante alguna temporada había algún preso común con nosotros, personas con las que en algunos casos llegábamos a mantener buenas relaciones.

Una vez cerrada la puerta metálica de la celda con doble vuelta de llave (para que no nos escapásemos), se iniciaba la tertulia nocturna sobre cualquier tema acorde con los interlocutores que allí nos encontrábamos. Tertulias inacabables que había que cortar para poder dormir algo, aunque en muchos casos eran prorrogadas por los vividores del lugar.

TERCER GRADO.

Cuando llegó el tercer grado respiré tranquilo. Podía recuperar parte de mi libertad, la suficiente para mantener un trabajo que me daba independencia, a partir de entonces sólo tendría que ir a dormir de Lunes a Viernes durante un año más o menos.

Era pura monotonía, llegar a las 11, pasar el control de la Ertzaintza en grupos de 15, enseñar el carnet de socio que nos habían facilitado al pasar al tercer grado, pasar por el “¡pesado!” detector de metales, dar el nombre en el control de paso y ver como se abrían las puertas cuando se habían cerrado las que tenías detrás. Antes hablaba de monotonía pero la verdad es que los funcionarios se encargaban de realizar estos pasos con diferentes variaciones todos los días.

Durante este tiempo no hubo ningún problema, los funcionarios soportaban la carga extraordinaria de trabajo que ocasionábamos con resignación, y sólo por parte de algún ertzaina hubo en algún momento un exceso de celo cómicamente mal ejercido, momentos que aprovechamos para ejercer nuestra desobediencia.

Cuando me concedieron la libertad condicional tuve que pasar por la cárcel de Basauri para recoger un certificado que acreditaba mi permanencia en prisión, el funcionario que me lo dio me dijo:

- Estarás orgulloso de ese papel. - ¿Por qué?; le dije yo. - Si yo hubiese hecho lo que habéis hecho vosotros lo guardaría para enseñárselo a los nietos.

SERAFÍN RUANO.

FUENTE: Bakearen Pipa. Enero 97


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