::: Dinámicas para tutoría :::
ELEGIR LA DOCENCIA...
Autora: Gabriela Monzón
Yolanda JB - http://www.educarueca.org / Sábado 27 de octubre de 2007
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Elegí esta profesión como todo adolescente salido del secundario sin saber muy bien en qué me metía, aunque quizá intuía que era lo mejor que podría hacer... Sin embargo, como la opción era bien específica: la docencia en el campo de lo que más me había conmovido hasta el momento -el mundo de las palabras y la ficción- contaba con una ventaja, un plus, un as en la manga. Estaba enamorada de la lengua y los libros desde hacía mucho tiempo y ese amor me permitió enamorarme luego -pasado un buen tiempo- de la cuestión pedagógica, la educación, de la didáctica, porque estaba eligiendo enseñar lo que más quería... A partir de allí, la cosa nunca fue fácil, no lo es, ni lo será...

Y esto precisamente, hace que me pregunte...

Entonces, si a mí, que le arranqué a la vida la posibilidad de permanecer en esto porque quiero, porque amo esta profesión; porque creo que hay pocas felicidades comparables a la de sumergirse en el mundo de los libros y el lenguaje, lograr que otro crezca, aprenda, se adueñe de la palabra y se le iluminen los ojos cuando logra ser artífice de su decir... me resulta difícil, pesaroso a veces, agotador, aún con los logros y las innumerables recompensas diarias... ¿Qué hacen quiénes caen en la docencia porque no hay otra opción, porque es lo que está a mano, porque es lo único que se puede estudiar en una realidad acotada y empobrecida? ¿Cómo sobreviven quiénes llevan a cuestas pobres saberes que la escuela no ha desarrollado lo suficiente, competencias insuficientes y limitadas, escaso deseo de dedicarse a esta labor, nula vocación, a lo que se suma un medio hostil, burocrático, tradicionalista, estereotipado y lleno de tradiciones vacías?

No logro entenderlo del todo, y me aterra despedir cada año una nueva promoción de docentes de enseñanza primaria (aún Profesores para Primero y Segundo Ciclo de EGB), apenas preparados, tan ansiosos, tan temerosos, tan frágiles, por los que pude hacer tan poco en tres años para dotarlos de una armadura contra el sistema que intentará devorarlos y hacer de ellos simples burócratas amaestrados que se rigen con metodologías caducas, incongruentes en un mundo que no para de cambiar y vive aceleradamente, con niños que les resultarán pequeños desconocidos mezcla de adultez e inocencia, mixtura de pequeños sabios e infancia, para nada dóciles como creyeron que serían, tan confundidos como los adultos desorientados y titubeantes que los rodean en esta realidad enloquecida... Ojalá encuentren otras manos tendidas que les permitan seguir aprendiendo, que les hagan dudar y no apoltronarse seguros en unos saberes apenas construidos y siempre en construcción. Ojalá hallen a sus pasos desafíos y no sucumban, personas sabias y generosas que los contagien del deseo de seguir aprendiendo. Ojalá que no se aferren a lo seguro, a lo tibio, a lo cómodo, a los desalentados que han perdido la fe en esta profesión, a los ignorantes -que los hay en todos lados-, a los que desesperan, a los que no creen que enseñar vale la pena, a los que creen que sólo cambian los nombres y siempre hacemos lo mismo, a los que hacen cursos sólo por el puntaje, a los que trabajan en una calidad directamente proporcional a los magros sueldos que reciben... Parece que estoy haciendo campaña en contra de la educación como elección vocacional y laboral. Sin embargo, nada más lejos de mis intenciones.

En este momento en que uno se arrastra hacia la finalización del año escolar, en que tengo una parva de actividades para corregir, un montón de consignas de exámenes parciales y trabajos prácticos de cierre de año que elaborar, dos blogs que mantener, dos cuentos a medio escribir para sendos libros de mis alumnos que editar además de la edición misma (para la que debí deambular rogando colaboraciones que permitieran afrontar el costo); momento también en que aparecen las obligaciones de las muestras anuales de lo realizado, los actos de colación, los horarios y fechas de mesas de exámenes que se superponen, y en que llevo a cuestas el agotamiento del año, contracturas varias e hipertensión, volvería y vuelvo a elegir la docencia y a apostar por ella.

Espero que muchos otros hagan lo mismo.

FUENTE ORIGINAL: http://piezasdeaocho.blogspot.com

VISTO EN: http://www.docencia.es


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