::: Dinámicas para tutoría :::
A una señora de la limpieza
Autor: Miguel Ángel Santos Guerra
Yolanda JB - http://www.educarueca.org / Viernes 21 de septiembre de 2007
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El comienzo de un curso nuevo es siempre una excelente ocasión para reavivar la reflexión y el entusiasmo compartido. Un curso nuevo es una invitación al análisis, al compromiso y, en definitiva, a la controlada alegría. La educación es una tarea de todos y de todas. Para todos y para todas. A las puertas de la nueva experiencia institucional de la educación, quiero dirigirme a uno de los personajes que suele mantenese en el más estricto anonimato. Voy a escribir una carta, como se verá, no a la señora ministra, no a un inspector o a una directora. No a una profesora ni a un alumno. Voy a escribir a una señora de la limpieza. Se verá por qué.

Estimada señora: Sabe tan bien como yo que todavía suena extraña la expresión “señor de la limpieza”, porque en nuestra cultura machista limpiar es una tarea casi exclusivamente femenina. Las mujeres se han hecho cargo de muchas actividades humildes, sencillas, escasamente remuneradas, que nadie quiere. Paradójicamente son tareas absolutamente indispensables. Para realizar esas tareas no se necesita tener estudios o certificados ni haber hecho carreras académicas de ningún tipo. Algunos de forma ingenua y otros de forma maliciosa dicen que si una mujer ha podido llegar a Ministra o a Catedrática, todas pueden hacerlo. Falso argumento. Todavía queda mucha discriminación. Y si para unos pocos puestos hay muchos y muchas aspirantes y unos parten en mejores condiciones, es lógico que los otros (las otras en este caso), lleguen con mayor dificultad y en menor proporción. La cultura del delantal y la fregona todavía tienen mucha presencia entre nosotros.

Probablemente estará contenta y agradecida por tener un trabajo fijo, regularmente remunerado, en una institución docente. Un trabajo imprescindible para que la escuela funcione. ¿Podríamos imaginar un centro escolar en el que se fuese acumulando la porquería sin que unas manos enguantadas fueran limpiando lo que otros ensucian?

Si el Director (o la Directora, claro está) faltan un día, no se notará mucho, probablemente. El Centro seguirá funcionando con normalidad. Pero si falta ese “ejército de salvación” que son las señoras de la limpieza, armadas de sus fregonas y escobas, la escuela estará inhabitable.

En silencio, pacientemente, va moviendo las mesas, recogiendo el contenido de las papeleras, limpiando el polvo de las tizas, poniendo las cosas en su sitio. A la mañana siguiente, todo está colocado, todo está limpio. ¿Quién ha hecho ese milagro? Muchos alumnos (quizás también algunos profesores) no piensan en esa tarea cotidiana, indispensable.

Así una semana tras otra, una día tras otro, una hora tras otra. La suciedad nunca termina de aparecer, sobre todo en un Centro donde existe poco cuidado por la limpieza y la estética. Parece que la suciedad se regenera por sí sola y no acaba nunca de desaparecer por completo. Como decía aquel basurero al que oí en la madrugada del día primero del año gritar en plena calle: “Año nuevo, mierda nueva”.

Mientras está terminando de pasar la fregona siguen atravesando pasillos y escaleras diversas personas que sonríen y piden disculpas. Otra vez a limpiar, otra vez a responder cortésmente a la sonrisa, otra vez a intentar hacerlo bien. Estamos tan habituados a esa imagen que apenas le damos importancia. Y menos mal, si es así. Porque otras veces se pasa de manera desconsiderada por lo que se acaba de limpiar, haciendo interminable una tarea ya de por sí sacrificada. Qué decir de algunos hechos (ya sé que excepcionales) a los que algunas veces se tienen que enfrentar: gamberradas inconcebibles en un centro educativo, como dejar los excrementos fuera del water, limpiar vómitos o devolver a la normalidad el Centro tras una fiesta en la que nadie piensa que después tendrá que venir usted para dejarlo todo inmaculado. Qué decir de los días especiales de inundación, de lluvia o de goteras inextinguibles.

Sé que usted realiza muchas tareas que no son remuneradas: recoge los objetos que se han perdido, hace encargos que le encomiendan alumnos y profesores, prolonga la jornada cuando hay acontecimientos extraordinarios...

Algunas veces se habrá encontrado con algún alumno displicente, que cree que tiene en el Colegio una sirvienta que se encarga de recoger los papeles que él tira de manera desconsiderada. “Para eso están las señoras de la limpieza”. ¿Están para eso? ¿Para arreglar lo que otros innecesariamente desarreglan? ¿Para colocar lo que algunos dejan desordenado, pudiendo ayudar a dejar las cosas como estaban? Algunos chicos pegan chicles debajo de la mesa, algunas chicas tiran las compresas al suelo en los servicios, muchos juegan (mal, muy mal) al baloncesto con las papeleras...(Alguien definió una papelera escolar como el lugar alrededor del cual se deposita todo tipo de basura).

Algún profesor, quizás, la mirará por encima del hombro, como si su titulación o su categoría profesional le diese alguna altura moral para mirar desde arriba a quien realiza tareas como la suya en la escuela. Creo que la educación de calidad se realiza y se manifiesta a través del respeto a todas las personas. Para mí este es un indicador clave de la categoría educativa de una institución: mantiene unas relaciones que se sustentan en la dignidad de las personas.

Mientras limpia, los alumnos van estudiando y al cabo de unos años sabrán mucho más que usted. La “señora de la limpieza” seguirá realizando su tarea, cargándose de años y repitiendo unas rutinas poco atractivas, poco sugerentes. Su trabajo hace posible que otros puedan estudiar, que puedan alcanzar un puesto más atractivo y mejor remunerado que el suyo.

Sé que se da importancia al Ministro de Educación, al Consejero, al Inspector, al Director, al Profesor. Y lo escribo todo en masculino. No por descuido. Sé que se reconocen los méritos de todos estos cualificados agentes. Y si se hace un homenaje probablemente se concedan los honores a quienes tienen puestos de relevancia en el sistema educativo. Muchos no piensan en usted, que sacrificadamente, cada día hace transitable y acogedora una escuela.

Gracias por su amabilidad, por su paciencia, por su silencio, por su trabajo. Gracias por hacer posible que la estancia en el centro sea más agradable, más hermosa, más eficaz. Gracias por contribuir a crear una sociedad más culta (ojalá que también más justa) a través de la formación de sus ciudadanos y ciudadanas.

http://blogs.epi.es/eladarve

Enviado por: Charo


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