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Por un San Valentín sin pasar por caja
Autora: María González
Yolanda jb / Lunes 12 de febrero de 2007
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Los anuncios que inundan cualquier soporte publicitario estos días proponen repetidamente que si estás enamorado tienes que comprar algo especial, inolvidable y único para que tu pareja se de cuenta de cuánto la quieres. Y el caso es que la mayoría de la población se lanza a las tiendas sin pensar que hay otras maneras (y sobre todo muchos más días a lo largo del año) de demostrar los sentimientos.

Esto no es sorprendente en una sociedad que está mercantilizando cada día más aspectos. La ideología dominante hoy día supone que la mejor forma de gestionar las sociedades humanas y el medio ambiente es a través del libre mercado, convirtiendo las actividades y los bienes en mercancías susceptibles de ser compradas y vendidas. En definitiva dependemos del mercado para cuidar de nuestros hijos y mayores, para divertirnos, para conseguir comida y, claro está, para amar y demostrar los sentimientos.

Esto responde a un sistema económico que necesita un constante movimiento de capital para poder mantenerse. La demencial aceleración que experimentamos en las sociedades occidentales tiene que ver, en última instancia, con la velocidad de circulación del capital y la avidez por recoger beneficios.

Así que cada año hay que comprar algo nuevo, haciendo que el día se San Valentín no celebre el amor, sino un modelo de consumo insostenible que mercantiliza las relaciones y los sentimientos. Un modelo que está llevando al planeta hacia el colapso, como están indicando hace tiempo los problemas ambientales. Según un informe del Worldwatch Institute, si el modelo de consumo de los países del norte se extendiera por todo el mundo, serían necesarios 3 planetas (con sus materias primas, fuentes energéticas...) para atender a la demanda.

Así que, si se quiere hacer algo especial ese día, se debía buscar una alternativa no monetarizada (porque comprar algo para demostrar lo que sentimos es lo que hacemos habitualmente, y desde luego no es original ni sorprendente). En una sociedad que se queja continuamente de la falta de tiempo, quizás invertir el que se tiene en atender a las necesidades afectivas de la pareja en vez de en ir de tiendas sería una opción interesante.

FUENTE: Consume hasta morir


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