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¡QUÉ BIEN VIVEN LOS MAESTROS!
Yolanda jb / Miércoles 17 de mayo de 2006
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Autor: Juan José Boyano, profesor de Historia del IES "Mar de Alborán" de Estepona (Málaga).

Los maestros constituyen una especie laboral cuyas excelencias nadie puede negar . Ni el más osado de los ciudadanos podría poner en duda que hoy, en nuestro país, decir maestro es decir buena vida. Intelectuales de tres al cuarto han querido cuestionar este principio básico de la sabiduría popular, pero han tenido que abandonar ante la evidencia de que los maestros, no sólo viven bien, sino que, a pesar de eso y por encima de eso, son culpables de muchos de los males de nuestra sociedad. Y a uno no le que queda más remedio que traer a la memoria, aunque con un sentido macabro, la frase bíblica: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. Los maestros, seleccionados por un destino de privilegio divino, han llegado a donde están y... viven muy bien.

Son muchos los ejemplos con los que podríamos ilustrar este dogma de fe, pero para no extenderme demasiado, cojamos, al azar, un caso: el Instituto de Enseñanza Secundaria Mar de Alborán de Estepona (Málaga).

Hace tres años tenía alrededor de 800 alumnos. La población estudiantil de la localidad crecía y era necesaria una respuesta rápida e inteligente. Los de arriba - ¿los dioses? pregunta mi hijo de 9 años cuando hablo del tema - tenían las cosas claras. Palabrería de mercadillo la de quienes, en nombre de la pedagogía, decían que la masificación es el primer motivo para la proliferación de conflictos.¿Hacer un nuevo instituto y crear dos unidades desmasificadas?. No. Hacer más grande el centro docente que existía incorporando un colegio de enseñanza primaria con 20 años de antigüedad. Por algo estamos donde estamos en el ranking mundial de asuntos de enseñanza.¿Dónde se ha visto que, en educación; los criterios psicopedagógicos estén por encima de los económicos y políticos?. Y todo ¿por qué?. Porque se pretendía que el maestro viviera mejor aún, con más compañeros con los que alternar y disfrutando de esa alegría que da la juventud revoloteando a su alrededor, en numero de 32 o 33 por aula. Eso se llama calidad de vida para el maestro y, por supuesto como segundo objetivo , calidad de servicio para los alumnos.

Pero no hay que establecer límites estrictos.En el curso 2004-2005 se observó con cierta inquietud que el centro de enseñanza existente era pequeño paras las demandas de felicidad del profesorado e inmediatamente los de arriba - ¡qué sabio es mi hijo! - se pusieron manos a la obra y proyectaron la ampliación del instituto existente.Con suerte nos acercaríamos alos 1300 alumnos sin contar los casi 100 profesores que veían como su bienestar crecía al mismo ritmo que crecían sus salarios. Glorioso: había que hacer un módulo más. ¿Cuándo se realizarían las obras?. En verano por supuesto, para no turbar la placentera quietud del maestro y la armónica relación con sus 33 alumnos por aula. Por avatares de un cruel destino que sólo los de arriba conocen, las obras comenzaron en pleno curso escolar. Aún así, el bienestar llegó a cotas indescriptibles: la tecnología de la construcción ( excavadoras, perforadoras, camiones, gruas sobre las cabezas)en delicada armonía con las clases de Matemáticas, Historia o Seguridad en el Trabajo.

Y la cafetería se hundió. Fue un imprevisto.¿Quién lo iba a sospechar estando como estaban todos en sus asuntos?¿Cómo es que el maestro que tanto sabe porque ha estudiado no lo advirtió?. Porque vive muy bien.Porque su bienestar le nubla los sentidos y, a veces, no atiende a sus responsabilidades; como cuando pretende enseñar una asignatura y se desentiende de educar a los 33 alunos que tiene por aula, argumentando - ignorante él - que esa es tarea de la familia. Son despistes, porque una cosa es vivir bien y otra muy distinta eludir las responsabilidad de su puesto de trabajo.

O tal vez, el maestro lo sabía todo y en un acto de debilidad, dejo pasar los acontecimientos para así tener más vacaciones, porque en esos días sin clase, como en tantos otros días, el maestro no hacía nada.

¿Para comienzos del curso 2005-2006, las obras terminadas?. Los de arriba - ¡qué sabios son los dioses! - planificaban por encima de nuestra ignorancia. Las obras continuaban, no había aulas para todos los alumnos, y algunas clases tendrían que trasladarse a la tarde. En 5 días los maestros que mejor viven de todos, que son los que mandan (el director y los jefes de estudios) tenían que hacer un horario partido para 1300 alumnos y casi 100 profesores. ¿Quién les iba a decir a ellos que iban a tener la oportunidad de estar hasta altas horas de la madrugada fuera de sus hogares, en una pura juerga?.Y, además, de añadido recibirían alabanzas, reconocimientos, honores y vítores por parte de compañeros - encantados todos con sus horarios -, alumnos - exultantes por acudir a clase hasta las 10 de la noche - y padres - que no podían entender con qué sobrenatural maestría habían conseguido en tan poco tiempo poner en marcha un nuevo curso - . Y esta vez, los de arriba quisieron quedarse en un segundo plano. Todos los honores para los maestros que, sin apenas proponérselo, ahora vivían todavía mejor porque podrían contemplar tanto los hermosos amaneceres, como las sobrecogedoras puestas de sol, acompañados de sus alumnos.

Las clases comenzaron cuando tenían que comenzar, porque para eso los de arriba son muy suyos y la normalidad debe anteponerse a la buena vida del maestro. La normalidad tiene muchas caras, pero, al fin y al cabo, normalidad es que los cables cuelguen de los techos o se arrastren a montones por los suelos; normalidad es que se tenga que hacer un pequeño receso en el relato de la Revolución Industrial porque en ese preciso momento el obrero de la construccion de turno ataca el alicatado de unos antiguos servicios a los que hay que reconvertir rápidamente en aula; normalidad es que el maestro y la maestra no tengan un aseo; normalidad es que no haya agua ni cafetería - se derrumbó ¿recuerdan? -. La normalidad tiene muchas caras. ¿Acaso no es normal que cuando todo está como está - estupéndamente, por supuesto - se tenga la suerte de recibir la dotación propia de la condición de centro TIC - Tecnologias de la Información y la Comunicación-¿. En un arrebato sólo comparable a la ceremonia de ofrenda floral que se celebraba en los lejanos meses de mayo de nuestra historia, deambulaban por los pasillos, mesas incontables, armarios mil, alumnos que no sabían donde estaba su servicio reconvertido en aula, cientos de ordenadores que luego no podían instalarse por falta de suministros (cables, enchufes, digo yo) y maestros disfrutando de esas pequeñas nuevas alegrías y sorpresas que cada día les deparaba. Si eso no es vivir bien, que vengan los de arriba y lo vean.

Pero la monotonía se estaba adueñando de este Instituto proyectado para el bien vivir. Por manos del destino se consiguió superar ese pequeño escollo de aburrida normalidad y pronto llegaron novedades: tuberías rotas, humedades subterráneas, viguetas dañadas.Lo que haga falta para animar la fiesta que estaba decayendo. Ahora hay que irse a otro Instituto en horario de tarde. Dicen que para poco tiempo, pero hay que confiar en que falle la proverbial seriedad de los responsables de la construcción y de las reparaciones, porque los maestros que mandan - que ahora tienen que tirar a la basura lo que hicieron en los 5 días de juerga hasta altas horas de la madrugada, y deben hacer un nuevo horario para 1300 alumnos y casi 100 profesores en tres días - y los que no mandan - que plantearon su asignatura para una enseñanza con ordenadores, y ahora no tienen ni taquilla propia donde guardar sus papeles -, todos ellos son felices. Y son felices porque viven bien.

Sólo falta que a nadie se le ocurra pedir responsabilidades, porque de ser así, todas ellas irían para los maestros que, pensando sólo en su bienestar, en sus vacaciones y en su sueldo de alto ejecutivo, han provocado estas pequeñas incomodidades en un alarde de ansiedad hedonista.Queden las cosas así. Si alguien por la calle, se cruza con un maestro y le lanza una mirada cuanto menos desafiante, está en su derecho, todo hay que decirlo, porque los maestros y sólo los maestros son los que han desbaratado los sabios planes de los de arriba - los dioses de mi hijo - .Tal vez no era su intención, pero están acostumbrados a vivir bien. De cualquier modo opino que los dioses deben estar locos para dejar que los maestros vivan tan bien.

FUENTE: lacavernadeplaton.com

Octubre de 2005.


Foro

  • ¡QUÉ BIEN VIVEN LOS MAESTROS!
    25 de abril de 2007, por cris

    soy estudiante de magisterio infantil y ya en la carrera debo aguantar los típicos estudiantes de ingenierías o eso que siempre se quejan de que bien vivimos los de magisterio haciendo muñequitos y jugando a la comba y que mal ellos que tienen muchos números y cosas importantes... pero lo peor es que esto se extiende al trabajo ya que los profesores siempre son los maleducados que no quieren atender a sus hijos y que los quieren mandar para casa en vez de estar con ellos todo el día para que los pobres agobiados padres que tienen otra vida aparte de sus hijos puedan relajarse e irse a tomar el café con sus amigos o al gimnasio.

    En fin que el texto está realmente bien y redacta en clave irónica lo que se les tenía que decir cada vez que nos quieren colar algo como lo que escribo arriba, me parece que lo voy a imprimir y a dárselo a unos cuantos personajes para que abran los ojos.

    • ¡QUÉ BIEN VIVEN LOS MAESTROS!
      23 de abril de 2008, por spuash
      yo soy alumno de ese centro y me ha gustado el articulo me he reido mucho y una cosa somos mas de 1300 alumnos y mas de 100 profesores ¡que no cabemos por los pasillos!
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