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Las adolescentes toman los principios aprendidos de las revistas femeninas como modelo de vida
Yolanda jb / Viernes 14 de abril de 2006
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Por Núria Escur

Hace unos meses, Mònica Figueras obtuvo un excelente cum laude por unanimidad por la tesis doctoral Prensa juvenil femenina e identidad corporal. Las conclusiones de la investigación delatan el inmovilismo de este tipo de revistas en las últimas décadas. Apenas han cambiado de enfoque. Primero: aunque las mujeres jóvenes verbalicen que la imagen física no es lo más importante, acaban copiando los cánones que difunden esas revistas. Léase el culto al cuerpo delgado. Segundo: la mirada masculina continúa condicionando la identidad corporal de las chicas.

En 1991 surgió en Adelaida (Australia) un grupo de creadoras llamado VNS Matrix, pioneras del nuevo ciberfeminismo. Diseñaron un videojuego pensado para las chicas. Su propuesta era utilizar la tecnología para la subversión irónica de los estereotipos culturales, lo denominaron "matriz digital".

Conocidas también como Chicas Guerrilleras o Chicas Disturbios, elaboraron sus manifiestos. Todavía hoy se definen como mujeres que van "más allá": más allá de los presupuestos feministas de los 60, más allá del activismo posfeminista de los 80.

Quieren construir otra identidad, una sexualidad libre y cuestionan su propio género. Sus raíces teóricas partían del feminismo francés de tercera generación y su principal teórica, Sandy Stone, consideraba una trampa histórica abominable que la mujer que además de ser "sólo" un cuerpo debiera ser "un cuerpo bello", cuando a ellos, a los varones, no se les exigía lo propio. Eso dio pie a Girl Power (chicas al poder) y a varios fanzines electrónicos.

Rosi Braidotti, ciberfeminista habitual en la red, lanzó una definición a la que muchas mujeres se acogerían hoy. Zanjaba así la cuestión del canon de belleza establecido: "Soy un ser mortal de categoría femenina, humano, sexuado, con capacidad para llegar más lejos...". Sin saberlo, comulgan las ciberfeministas con Baudrillard cuando dice que la belleza ha sido adoptada por la lógica capitalista como valor esencial, "un signo que te hace vender más". Y por eso se desmarcan de las revistas juveniles que para muchas adolescentes son, hoy por hoy, el manual de instrucciones para moverse en sociedad, su Biblia.

El contenido de esas revistas ha sido objeto de estudio. Hace unos meses, Mònica Figueras obtuvo un excelente cum laude por unanimidad por la tesis doctoral Prensa juvenil femenina e identidad corporal.Doctora en periodismo y socióloga, profesora del Departamento de Periodisme i Comunicació Audiovisual de la Universitat Pompeu Fabra, había recibido el premio Joventut 2002 de la Secretaria General de la Joventut de la Generalitat de Catalunya al mejor trabajo de investigación sobre jóvenes.

Conoce bien esa franja de adolescentes, entre los 14 y los 21 años (y más), que usa las revistas juveniles como manual. Pasó siete años analizando algunas de las publicaciones más representativas a nivel español: You,Ragazza,Mujer 21..."Les dan seguridad emocional, aunque, en el fondo. no crean todo lo que leen - explica-. Lo mismo le ocurre a un adulto que se apunta a un gimnasio, aunque luego no va, o pega la dieta en la puerta de la nevera, aunque nunca la sigue".

Del diario al cuaderno de bitácora

La propuesta de estudio le llegó de una ONG que contaba con estudios epidemiológicos y psiquiátricos sobre la dependencia de las chicas a los cánones propugnados por algunas revistas - "cómo estaban de enganchadas"-, pero a quienes les faltaba una investigación sociológica.

Se encontraron con una franja de adolescentes con rasgos similares: no leen periódicos, no siguen informativos, sólo consumen series televisivas de ficción y revistas e internet. Escriben y cuelgan en la red blogs como en otro tiempo otras generaciones escribieron diarios. Sólo que aquellos permanecían bajo llave. Ahora, lo interesante es exponerlos: el ordenador es una ventana desde la que los jóvenes intercambian sus miedos y anhelos.

Escuadrones de esos blogs o cuadernos de bitácora inundan la red. El adolescente ya no se encierra en su diario para digerir el mundo; se abre a sus coetáneos y se pelea con ellos o les jura fidelidad eterna. Para los expertos ésta es una ventaja engañosa: "descubren que sus problemas son universales, lo que tanto les preocupa también les ocurre a otros - explica el psicólogo Tomàs Pons-, pero pueden abrir una senda peligrosa, iniciarse en juegos de rol, intercambiar dietas draconianas o planear suicidios colectivos".

¿Eres lo que aparentas?

Las conclusiones de la investigación delatan el inmovilismo de este tipo de revistas en las últimas décadas. Apenas han cambiado de enfoque. Primero: aunque las mujeres jóvenes verbalicen que la imagen física no es lo más importante, acaban copiando los cánones que difunden esas revistas. Léase el culto al cuerpo delgado. Segundo: la mirada masculina continúa condicionando la identidad corporal de las chicas. No se arreglan para ellas, sino para ellos, "la belleza no tiene sentido si no es para gustar a alguien". Casi nunca tienen en cuenta otras opciones sexuales. Y tercero: al centrarse en el culto a la belleza sepultan cualquier otra dimensión. Crean un imaginario femenino centrado en el físico: una mujer es en función de lo que aparenta. No existe nada más, ni las inquietudes políticas, ni las intelectuales, ni los valores humanos, ni los sentimientos, ni los estudios, ni la orientación académica o el futuro laboral, nada que no pase por el filtro de ese cartel publicitario que llamamos cuerpo.

Uno se viste, pues, para que le identifiquen antes de que le dirijan la palabra. "Si yo veo - explica Santi, 16 años- una chica con un polo Rams 23 y unos pantalones Samblancat sé que voy a encontrarme un pija. Entonces yo decido si me acerco o no". Las chicas que compran esas publicaciones, sin embargo, a menudo no son tan frívolas como sus modelos. La moda les sirve de refugio, de elemento cohesionador para sentir que pertenecen a una de esas tribus metropolitanas, en términos de Maffesoli. "Me visto para identificarme estética y emocionalmente con otros".

Los datos sobre cultura corporal ofrecidos por el EGM (Estudio General de Medios) señalan que los adolescentes escogen su práctica deportiva en función de una premisa: no buscan la que mejore su salud, sino la que sirva para obtener un cuerpo más atractivo. La dieta, el control de calorías, los cosméticos... lo mismo. Un cuerpo 10 resulta casi una exigencia social para las adolecentes, esencial para sentirse integradas al grupo. Resultados: un 9% de chicas entre 14 y 16 años sigue una dieta. El 15% de las jóvenes españolas hospitalizadas lo están por culpa de la anorexia.

La herencia del chocolate

También las madres leen las revistas de sus hijas. A menudo, aunque no estén de acuerdo en todo su contenido, permiten que ellas las adquieran "para que no se sientan distintas de sus amigas". Por lo mismo dicen comprarles ciertos pantalones - esos con los que barren las calles- aunque a les parezcan horribles. El sociólogo Winship habla del "chocolate mental" al referirse a las revistas femeninas para adultas, porque prometen éxitos que la vida real no les puede ofrecer. Esas revistas generan un efecto hipnótico: todo es posible y todos tienen entrada. Toda generación reconoce que algo de lo que a los 18 años le pareció indispensable hoy casi le avergüenza. ¿Por qué reinventan las adolescentes de hoy su propia identidad y rechazan la heredada? "Porque no hay juventud sin transgresión a la norma imperante- explica el psicólogo-, esa es la condición del joven. ¿A mi madre no le gusta lo que me pongo? Entonces he escogido bien".

Baudrillard afirma que el cuerpo, que pasó de ser la metáfora del alma a la metáfora del sexo, hoy ya no es metáfora de nada. Para la doctora Figueras lo cierto es que, aun sin ser metáfora del sexo, lo es del éxito y, por tanto, cobra sentido como ideal que imitar. Las adolescentes que buscan obcecadamente ser aceptadas en el círculo, que temen la exclusión, compran esas revistas.

Es tanto el magnetismo que ejercen sobre algunas chicas, que llegan a verbalizar cosas como ésta: "lo que llevo puesto, lo que disimula las imperfecciones de mi cuerpo, marca mi estado de ánimo durante todo el día". Ese narcisismo colectivo, aunque a veces les genere ansiedad, las hace felices. O eso creen.

Cuando se les pregunta qué aprenden en esas publicaciones, muchas de las chicas responden azoradas: "cómo conseguir un chico". Consideran que la perfección de su cuerpo es el único capital posible para lograr la seducción. A veces, incluso muestran la revista a sus amigos chicos para sondearlos, "para conocer sus gustos, para adivinarlos". Pero, claro, ellos también saben mentir. En caso de fracasar en la conquista deseada, lo primero que piensan es que la culpa es de su cuerpo. Inician entonces una desordenada carrera de tratamientos, dietas, gimnasias, terapias y fórmulas cuyos casos más extremos desembocan en anorexia, bulimia y otros transtornos de la alimentación. Ninguna desconoce el tema. Y aunque les sobra información - lo mismo ocurre con los anticonceptivos- les falta formación. Conocer que existen peligros no evita que caigan en ellos. "La anorexia - explica Figueras- es como la droga o el alcohol, una adicción cada vez más frecuente que uno inicia como un juego, creyendo que lo controla".

En términos foucaultianos, este autocontrol ascético de la dieta favorece la sumisión al sistema. Y la favorece porque el malestar respecto a su cuerpo las lanza a una autodisciplina mucho más rígida y eficaz que cualquier otra impuesta desde fuera. La contradicción es otro clásico de estas publicaciones. Puede uno toparse con un artículo denunciando la anorexia y, al lado, pegadito, el anuncio de una chica de perfil apolíneo. Como lo que permite larga vida a estas revistas es, básicamente, la publicidad, la economía manda en el contenido. El discurso social, por un lado; la moda, por otro. Diametralmente opuestos, pero publicados conjuntamente.

Y sin embargo, consultados ellos, ellas ya van descubriendo, quizá demasiado tarde, que - como ocurre con las canas masculinas- la delgadez es algo que siempre preocupa más a un sexo que a otro: "Nos pueden gustar delgadas, pero no esqueléticas. Que haya curvas", replica Carlos, 20 años, universitario.

¿A qué tribu perteneces?

Escuadrones de esos blogs o cuadernos de bitácora inundan la red.

El adolescente ya no se encierra en su diario para digerir el mundo; se abre a sus coetáneos y se pelea con ellos o les jura fidelidad eterna. Para los expertos ésta es una ventaja engañosa: "descubren que sus problemas son universales, lo que tanto les preocupa también les ocurre a otros - explica el psicólogo Tomàs Pons-, pero pueden abrir una senda peligrosa, iniciarse en juegos de rol, intercambiar dietas draconianas o planear suicidios colectivos".

Skaters, quillas, punks, cumbas, hippies, grunchs, fashion victims, pijas, pijas quiero y no puedo, cowboys, góticas. Así es como un grupo de chicas (foto de la página anterior) entre 18 y 21 años definen los principales "estilos urbanos". Tània, Estel, Gemma, Marina, Elia, Jennifer, Judith, Lia, Anna y Elena son universitarias y se ofrecieron voluntarias para analizar el fenómeno de las revistas juveniles femeninas. Cada una es un mundo.

Algunas se confiesan adictas, otras han aborrecido esas revistas. Pero el camino es similar en todas: la primera que les cae en las manos es ’Bravo’ o ’Súper Pop’, entre los 12 y los 15 años; luego ’Ragazza’ y ’You’, entre los 15 y los 19. A partir de esa edad empiezan aser usuarias de las de adultos: ’Cosmopolitan’, ’Elle’... Nada de lo que aquí se afirma pueden suscribirlo unánimemente excepto una cosa: que las revistas femeninas juveniles marcan modelos que imitar. Y que esos modelos se transfieren a la vida cotidiana hasta invadirlas. Modelos de ropa, de actitudes, corporales, musicales, sexuales... Modelos, en definitiva, de la mujer joven contemporánea.

Ahí va una lista de frases cuya autoría personal prefieren mantener en el anonimato: "tengo dos amigas internadas en un centro de día por anorexia y bulimia, querían ser como las modelos que salen en el papel", "anuncian ropa que no podemos costearnos", "reconozco que hastas los 16 seguí sus trucos de belleza, conjuros amorosos y dietas de adelgazamiento", "no me creo nada", "yo arranco las páginas que me interesan y las catalogo, las colecciono por temas. Sí, reconozco que soy adicta", "compro ’Glamour’, pero le robo ’Clara’ a mi madre", "a veces, después de mirarlas, entras en estado de depresión, nunca serás como ellas", "la compraba por lo que me regalaban", "no aportan nada de información, las compro por pura diversión", "me han llegado a mirar y a decir ’pija de mierda’. ¿Por qué? yo no prejuzgo", "a los 15 años te crees todo lo que te dicen y las imitas porque algún chaval, al mirar las fotos, ha dicho: ’qué buena está’, y tú quieres que te lo diga a ti", "cada año salen los mismos reportajes camuflados"...

También coinciden en decir que los chicos tienen menos prejuicios que ellas, "no juzgan tanto por el modo de vestir". "¿Los chicos? Nos cogen las revistas para echarse una risas, se burlan de sus contenidos... pero, en el fondo, les intriga". ¿Cuál es decálogo principal para descifrar el código de su hija adolescente? Hay diez puntos básicos que sirven para detectar a qué ’tribu’ pertenece. Basta analizar en qué ambiente se mueve y algunos aspectos externos. A saber: la ropa que se ponen, los gestos que usted no interpreta, la música que escuchan, el argot propio, el largo de la falda o el ancho de los pantalones, la bebida preferida, los locales que frecuentan, el deporte que practican, el tipo de comida que consumen y lo que leen, si es que leen. Pero si alguien quiere saberlo todo, de golpe, con detalles, sólo debe acercarse al quiosco y adquirir una ’revista-biblia’. Ahí está todo. Su función es iniciática y ritual. Los expertos no recomiendan a los progenitores su prohibición: "No hay que prohibirlas, hay que leerlas a su lado".

No todas las chicas leen esas revistas en comunidad - un fenómeno frecuente hace unos años- y las únicas secciones compartidas son las fotos de ropa, el test y el horóscopo. Éste último alcanza tanto éxito porque permite especular sobre si el ’sueño’, sea el que sea, se cumplirá. Si, además, esas fotos se recortan y se pegan en las carpetas del instituto, el sueño se perpetúa.

Las amigas ejercen de "comunidades interpretativas", en palabras de Lindlof (1988), son la sustitución de la hermana mayor. Como los consejos no los da una persona física, la revista es algo así como un juego de equilibrios en el que cada cual anda buscando su propia identidad sin peligro de sentirse ridiculizado públicamente.

Pero las etiquetas les molestan. "No todas nos dejamos llevar por esas revistas", se lamentan. Estudios y estadísticas son indicios, pero no lo son todo. En uno de esos cuadernos de bitácora colgados en la red, una adolescente, María José, bajo el título ’La maldición de los jóvenes’, se despide con una recomendación que tener en cuenta por cualquier adulto: "siempre hay que dejar un espacio para la duda, porque, a menudo, ella es la que hace saltar las etiquetas".

Y ahora, los ’ubersexuales’

¿Y ellos? "En España no encontramos revistas destinadas, sólo, a chicos jóvenes", se lamentan. "Llevamos años de retraso si nos comparamos con EE. UU., donde hace mucho que funcionan", opina Mònica Figueras. "Aquí sólo existen las destinadas a adultos y, a menudo, como diría Vicente Verdú, son manuales heredados ’de nuestra rancia masculinidad’". Por eso, para conocer las últimas tendencias, los jóvenes echan mano de lo que llega vía internet.

El patrón masculino ha cambiado. En 1994, de la mano del escritor británico Mark Simpson, nos llegaba el término metrosexual. Pero su modelo, David Beckam, ha caducado. Al metrosexual le substituye el ’ubersexual’. Un hombre que abandona la depilación y las cremas, no usa manicura ni accesorios de mujer. Su versión ’clásica’ sería George Cloony; la ’primitiva’, Bono, de U2.

Según el Urban Dictionary, que recoge expresiones coloquiales, ’über’ significa, en alemán, ’por encima’. Sus defensores celebran la recuperación de esa masculinidad que, dicen, se había perdido en los últimos años. Esta categoría de reciente factura nos dibuja un hombre físicamente muy masculino, más moreno que rubio, de profundos ojos oscuros en lugar de límpidos azules, con barba italiana de tres días en lugar de diamantes en la oreja. Se muestra sutilmente preocupado por la estética, algo así como en un estudiado desaliño.

El ’ubersexual’ siente una confianza suprema en sí mismo sin resultar detestable y está destinado a alcanzar los niveles más altos de calidad en todas las áreas de su vida. Apasionado en sus intereses y cautivador en sus relaciones, cuentan los expertos que el nuevo varón reconoce que necesita siempre una mujer e incluyen en sus filas a Antonio Banderas y Eduardo Noriega.

Un estudio de Ipsos-Eco Consulting desvelaba que los españoles se gastaron en el 2004 un 5% más en peluquería y tratamientos de belleza que en el 2003. Y que 10 de cada 100 varones se depila en España, algo inédito en el país. La llegada del ’ubersexual’ como modelo para los adolescentes parece que va a resultar mucho más económica.

Sea como fuere, nos espera un inquietante futuro. ¿Estarán ciberfeministas y ’ubersexuales’ destinados a entenderse?

Fuente: La Vanguardia

Mònica Figueras se licenció en Ciencias de la Información (1993) y en Sociología (1995) en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Máster en Periodismo por la UPF (2002), desde 1998 es profesora del Departamento de Periodismo y de Comunicación Audiovisual de la UPF. Fue distinguida con el Premio Juventud 2002, concedido por la Secretaría General de Juventud de la Generalitat de Catalunya al mejor trabajo de investigación sobre los jóvenes, por su trabajo “La imagen corporal en las revistas juveniles femeninas”, publicado en 2004.

Tomado de la página de Educación en Valores 2 abril 2006


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